La República de Armenia ha puesto oficialmente en funcionamiento la primera fase del ambicioso proyecto Firebird, uno de los mayores complejos de computación para inteligencia artificial en el Cáucaso Sur. La infraestructura está construida sobre la base de procesadores gráficos avanzados de Nvidia, y su puesta en marcha fue posible gracias a una licencia de exportación exclusiva otorgada por Washington en el marco del paquete de acuerdo de paz con Bakú.

Firebird: 6.000 procesadores y 18 megavatios de potencia

La primera fase del centro de datos, ubicado cerca de la ciudad de Razdán, comenzó a operar en agosto de 2026. La inversión total en esta etapa ascendió a 500 millones de dólares. En su interior se han instalado más de 6.000 procesadores Nvidia Blackwell, y la capacidad computacional total de la infraestructura alcanza los 18 megavatios. Es notable que, inicialmente, el proyecto recibió una licencia solo para 6.000 chips; sin embargo, tras la firma del tratado de paz, los reguladores estadounidenses aprobaron la exportación de un lote adicional de 41.000 aceleradores Nvidia GB300, las soluciones más potentes de la compañía para tareas de IA.

La magnitud de la iniciativa va mucho más allá de la etapa inicial. Según mis estimaciones, el volumen total de inversiones futuras superará los 4.000 millones de dólares, y se planea aumentar el número de procesadores a más de 100.000 unidades para finales de 2027. En paralelo, se ampliará también la base energética: la capacidad del complejo crecerá de los actuales 18 a más de 400 megavatios, lo que es necesario para alimentar y refrigerar decenas de miles de aceleradores que operan bajo carga constante.

Por qué la licencia de exportación fue el factor decisivo

Es importante entender: Estados Unidos no entregó los chips a Armenia de forma gratuita. La compra del equipo y la construcción de la infraestructura están financiadas por inversores, y la ventaja clave por parte de Washington fue precisamente la emisión del permiso de exportación. EE. UU. controla estrictamente el acceso a los procesadores más potentes para IA por razones de seguridad. Obtener una licencia de este tipo no es solo un beneficio económico, sino también un marcador de alta confianza política hacia el país receptor.

El gobierno de Armenia no considera este proyecto como la causa del tratado de paz, sino como un «dividendo de la paz» obtenido por el país. La parte estadounidense, a su vez, utilizó el acceso a los chips avanzados de Nvidia como uno de los incentivos para acelerar el acuerdo preliminar entre Ereván y Bakú. Según mis datos, el primer ministro Nikol Pashinián necesitaba resultados económicos tangibles del proceso de paz para compensar los costos políticos internos, y el permiso para la importación de los procesadores de Firebird se incluyó en el paquete de negociación precisamente con ese fin.

Qué aporta el proyecto tecnológico a la región

La puesta en marcha del centro cerca de Razdán convierte a Armenia en poseedora de una de las mayores plataformas de computación del Cáucaso Sur. Una infraestructura de esta clase abre oportunidades para el desarrollo y entrenamiento de modelos de IA a gran escala directamente dentro del país, lo que es crítico para la soberanía tecnológica.

El nombre del proyecto, Firebird, que hace referencia a la imagen del pájaro de fuego, también resulta simbólico. Detrás de él hay una tarea muy práctica: convertir el permiso de exportación en una instalación industrial operativa con miles de aceleradores. El contraste con Azerbaiyán aquí es evidente: la carta de asociación estratégica con EE. UU., firmada en febrero de 2026, prevé la creación de centros de procesamiento de datos para IA, pero las empresas concretas, los volúmenes de inversión, la cantidad de equipos y los plazos no están especificados en el documento.

Así, la parte armenia del paquete tecnológico ya se ha materializado en un resultado medible: se emitió la licencia, se instalaron miles de procesadores y se puso en marcha la primera fase por valor de 500 millones de dólares. El desarrollo posterior del complejo determinará hasta qué punto los planes declarados podrán llevarse a la práctica.

Mi veredicto: Firebird no es solo un centro de datos, sino un activo estratégico que sitúa a Armenia en una nueva categoría de peso en el mapa tecnológico de Eurasia. Sin embargo, el desafío clave no será tanto la atracción de capital, sino el mantenimiento del acceso a los chips avanzados en un contexto geopolítico que cambia rápidamente. Inversores y observadores deberían seguir de cerca cómo Ereván monetiza esta infraestructura, ya que de ello depende el retorno real de los 4.000 millones de dólares.