El Banco Popular de China (PBOC) vuelve a demostrar al mundo su compromiso estratégico con el oro, realizando en agosto la mayor compra mensual de los últimos tres años. Según mi análisis de datos, las reservas del regulador aumentaron en 650 000 onzas troy, lo que equivale a aproximadamente 20,2 toneladas de metal puro. Este movimiento no es solo un ajuste de cartera, sino una señal clara de una política a largo plazo de desdolarización.
Es notable que Pekín continúe incrementando sus reservas por 22.º mes consecutivo, aunque el ritmo de agosto destaca especialmente. Para comparar: en febrero el aumento fue de solo 30 000 onzas, y el volumen de agosto lo superó en más de 21 veces. La última vez que se registraron volúmenes tan impresionantes fue en octubre de 2023, cuando ingresaron 740 000 onzas a las reservas.
Jugando por adelantado
Es revelador que las compras coincidieran con el pico del rally de precios. Durante agosto, el oro subió aproximadamente un 10%, mostrando su mejor desempeño desde enero. El valor de las reservas en términos monetarios saltó de $306,35 mil millones a $350,08 mil millones, y la diferencia de $43,7 mil millones refleja no solo el nuevo metal, sino también un aumento significativo en las cotizaciones en medio del debilitamiento del dólar.
El mercado durante este período estuvo influenciado por las llamadas «expectativas de devaluación». Los inversores se refugiaron activamente en activos defensivos —oro y bitcóin— en medio de conversaciones sobre una posible expansión de los programas de flexibilización cuantitativa y temores inflacionarios. Sin embargo, hacia finales del mes, la euforia se moderó tras la retórica dura de la presidenta de la Reserva Federal, lo que provocó una corrección en el mercado al contado: el metal perdió un 1,75% después de la publicación de sólidos datos del mercado laboral estadounidense.
Mi opinión: China utiliza metódicamente cualquier caída para aumentar sus reservas, lo que confirma su estrategia de reducir la dependencia del dólar. Para los inversores en criptomonedas, esto es una señal positiva: la creciente demanda de activos «duros» por parte de los bancos centrales crea un entorno favorable para toda la clase de instrumentos defensivos, incluido el bitcóin, que cada vez se percibe más como oro digital. Sin embargo, no hay que olvidar que la política macroeconómica de la Reserva Federal sigue siendo el principal impulsor de la volatilidad a corto plazo.