El crecimiento hipertrofiado de los ingresos y valoraciones de OpenAI y Anthropic es solo la punta del iceberg. La parte sumergida es una colosal dependencia del acceso a la potencia computacional, la financiación de centros de datos y las decisiones de los reguladores. Las empresas se encuentran en un punto donde la expansión del negocio choca directamente con limitaciones físicas y políticas.
La directora financiera de OpenAI dejó clara la correlación: entre 2023 y 2025, la potencia computacional de la empresa pasó de 0,2 GW a 1,9 GW, y los ingresos anuales recurrentes, de 2.000 millones de dólares a más de 20.000 millones. La computación fue calificada como el recurso más escaso. Anthropic, por su parte, recaudó 65.000 millones de dólares en la Serie H con una valoración de 965.000 millones, declarando directamente que los fondos se destinarán a ampliar la capacidad para Claude. Mientras tanto, los ingresos anuales de la startup ya superan los 47.000 millones de dólares.
La carrera de infraestructura: billones de dólares en juego
La escalabilidad de los modelos avanzados se está convirtiendo en una tarea intensiva en capital para toda la cadena: desde los proveedores de chips hasta los operadores de centros de datos. Los analistas de Goldman Sachs pronostican que los cuatro mayores hiperescaladores —Meta, Microsoft, Amazon y Alphabet— gastarán 5,3 billones de dólares en gastos de capital entre 2025 y 2030. El Banco de Pagos Internacionales va aún más lejos, advirtiendo que los cinco mayores proveedores de nube gastarán más de 1 billón de dólares en infraestructura de IA entre 2025 y 2026.
El problema clave: estos compromisos ya superan los beneficios y el flujo de caja libre de las empresas. El mercado apuesta por una monetización futura, pero si las expectativas no se cumplen, un recorte drástico de la financiación podría colapsar todo el ciclo de inversión. Los mercados privados, los fondos de infraestructura y los bienes raíces se están convirtiendo en nuevas fuentes de capital, pero esto aumenta los riesgos sistémicos.
La espada de Damocles regulatoria
Además de la carga financiera, las empresas se enfrentan a restricciones repentinas por parte de las autoridades. Anthropic ya sufrió la suspensión del acceso a los modelos Fable 5 y Mythos 5 debido a una directiva del gobierno de EE. UU. en el marco del control de exportaciones. La empresa vinculó las quejas con una posible evasión de los mecanismos de protección, pero los detalles no se revelaron.
La administración de Donald Trump pidió a OpenAI que no lanzara GPT-5.6 de inmediato al público por preocupaciones de seguridad. Aunque las restricciones se levantaron más tarde, este episodio demuestra la fragilidad de las relaciones entre los desarrolladores de IA y el Estado. El conflicto de Anthropic con el Pentágono, que calificó a la startup como un "riesgo para la cadena de suministro", solo agrava la situación. El CEO Dario Amodei declaró que la empresa preferiría no colaborar con el departamento de defensa antes que socavar los valores democráticos.
La OPI como espejo de la incertidumbre
A pesar de todos los riesgos, ambas empresas han presentado solicitudes confidenciales de OPI. OpenAI, el 8 de junio; Anthropic, una semana antes. Los parámetros de la colocación no están definidos, pero para los inversores, la cuestión clave no será la valoración, sino la economía de la escalabilidad: cuánto cuesta mantener el crecimiento de usuarios, qué tan rápido se amortizan los centros de datos y qué tan estables son los canales de financiación.
Mi comentario: El mercado de la IA se encuentra en la trampa clásica del hipercrecimiento: para mantener el ritmo, hay que invertir billones, pero cada nuevo dólar de inversión aumenta la dependencia de factores externos. Los riesgos regulatorios se están convirtiendo en una parte integral de la infraestructura, y cualquier decisión política puede cambiar instantáneamente el equilibrio de poder. Una OPI en estas condiciones no es tanto una celebración como una prueba de resistencia.