La inteligencia artificial posee un potencial colosal para transformar la economía, pero su impacto real en la productividad solo se hará palpable después de varios años. El director de investigación macroeconómica y temática de Deutsche Bank, Jim Reid, destaca que en toda su carrera no ha visto una tecnología capaz de aumentar la eficiencia laboral de manera tan radical. Sin embargo, el desafío clave no reside en la IA en sí, sino en la velocidad de su integración en los procesos empresariales.

Reid señala que las empresas necesitarán tiempo para adaptar la infraestructura y reestructurar los flujos de trabajo. Tras el reciente repunte de las acciones del sector de la IA, es posible una corrección, pero la tendencia a largo plazo se mantendrá inalterable. El período de adaptación, en su opinión, estará acompañado de una alta volatilidad y una reevaluación de las expectativas, algo típico de cualquier revolución tecnológica.

¿Puestos de trabajo en peligro? El experto tranquiliza

Una de las cuestiones más controvertidas es el impacto de la IA en el empleo. Reid está seguro de que no se producirá una pérdida masiva de puestos de trabajo. La historia demuestra que los avances tecnológicos anteriores, desde la máquina de vapor hasta internet, generaron temores similares, pero al final solo aumentaron la eficiencia laboral sin reducir el nivel general de empleo. La IA se convertirá en una herramienta, no en un sustituto del ser humano.

Por separado, el experto analiza los riesgos inflacionarios. En los últimos 250-300 años, la implementación de nuevas tecnologías ha aumentado la productividad, pero no ha llevado a una reducción sostenida de la inflación. Reid advierte que el crecimiento de la eficiencia empresarial gracias a la IA podría ir acompañado de una presión inflacionaria adicional, especialmente en las etapas iniciales.

Las inversiones crecen más rápido que el rendimiento

Los analistas de Deutsche Bank, en su revisión anual World Outlook, señalan que el ritmo actual de desarrollo de la IA probablemente conducirá a un notable aumento de la productividad, pero los resultados reales se manifestarán solo después de 2026. Mientras tanto, el volumen de inversiones en infraestructura de IA está aumentando rápidamente: el pronóstico de consenso para los gastos de capital de las principales empresas tecnológicas para el año en curso es de 527 mil millones de dólares, significativamente superior a los 465 mil millones esperados anteriormente.

En Goldman Sachs también registran que las inversiones superan el efecto económico medible. Según su estimación, en 2026 los gastos en IA agregarán solo 0,3 puntos porcentuales al crecimiento real del PIB y 0,1 puntos porcentuales al medible. Esto confirma que nos encontramos en una fase de acumulación de infraestructura, no de rendimiento masivo.

Anteriormente, conclusiones similares fueron alcanzadas por expertos del Banco de Pagos Internacionales, señalando los riesgos para el sistema financiero debido al auge de la IA.

Mi comentario: La situación actual recuerda las primeras etapas de la era de internet: enormes inversiones, una burbuja especulativa, pero al final, cambios fundamentales en la economía. Sin embargo, los inversores deben prepararse para la volatilidad: el rendimiento real de la IA no llegará antes de 2027-2028, y mientras tanto, el mercado reevaluará las expectativas.