La inteligencia artificial posee un potencial colosal para transformar la economía global, sin embargo, los inversores y las empresas deben armarse de paciencia. Como muestran los últimos estudios macroeconómicos, el impacto notable de esta tecnología en la productividad laboral solo se hará sentir dentro de varios años, y el propio proceso de adaptación estará acompañado de una alta volatilidad en los mercados.

La implementación requiere tiempo, no solo capital

Durante un análisis reciente, llegué a la conclusión de que estamos observando una situación única. En toda la historia del seguimiento de los ciclos tecnológicos, no he encontrado una innovación que prometiera un salto tan radical en eficiencia como la IA. Sin embargo, el matiz clave es que el sector corporativo necesitará años para integrar plenamente estas herramientas en los procesos operativos. Solo después de esto se podrá hablar de un «rendimiento máximo».

Esto significa que el actual entusiasmo en torno a las acciones de empresas de IA, que hemos presenciado, inevitablemente conducirá a una corrección. El efecto a largo plazo, en cambio, será mucho más amplio que cualquier ciclo de mercado. El mundo entra en un período de adaptación que estará acompañado de una reevaluación de las expectativas y, probablemente, de fluctuaciones de precios significativas.

Mercado laboral e inflación: nuevos riesgos

A pesar de los temores ante la automatización masiva, comparto la opinión de que el desarrollo de los grandes modelos de lenguaje (LLM) no provocará un colapso del empleo. La historia nos enseña que cada avance tecnológico generó preocupaciones similares, pero al final solo transformó el mercado laboral, no lo redujo. La IA se convertirá en una poderosa herramienta para aumentar la eficiencia de los empleados, no en un reemplazo directo de los mismos.

Merece especial atención el impacto de la IA en la inflación. El análisis de 250-300 años de implementación tecnológica revela una paradoja: el aumento de la productividad por sí solo no condujo a una reducción sostenida de los precios. Por el contrario, el crecimiento de la eficiencia empresarial gracias a la IA puede ir acompañado de riesgos inflacionarios adicionales relacionados con la reestructuración de las cadenas de suministro y el aumento de la demanda de recursos computacionales.

¿Burbuja de inversión o cambio fundamental?

El volumen de gastos de capital de los gigantes tecnológicos más grandes en infraestructura de IA este año, según mis estimaciones, alcanzará los $527 mil millones. Esto es $62 mil millones más de lo que se pronosticaba al inicio de la temporada de resultados. Sin embargo, la magnitud de las inversiones aún supera significativamente el efecto económico medible.

Según cálculos recientes, en 2026 estas inversiones agregarán solo alrededor de 0,3 puntos porcentuales al crecimiento real del PIB y apenas 0,1 puntos porcentuales al medible. Esto indica que nos encontramos en una etapa temprana y costosa del ciclo, donde los gastos en infraestructura crecen más rápido que el rendimiento de la implementación.

Opinión del analista

El mercado ya está descontando en los precios los futuros superrendimientos de la IA, pero la economía real aún no está preparada para tal velocidad. Espero que en los próximos 12-18 meses veamos un período de «decepción», cuando las empresas comiencen a reportar resultados modestos de la implementación de la IA. Sin embargo, será precisamente en ese momento cuando se abran los mejores puntos de entrada para los inversores a largo plazo que comprendan que el verdadero efecto llegará solo después de 2027-2028.