La inteligencia artificial, sin duda, posee un potencial colosal para transformar la economía global, sin embargo, los inversores y los políticos deben armarse de paciencia. Como muestran mis cálculos y los datos de los principales analistas, no se espera un crecimiento explosivo e inmediato de la productividad. La contribución real y medible de la IA a los indicadores macroeconómicos solo se hará evidente dentro de varios años.

Jim Reid, jefe de investigación macroeconómica y temática de Deutsche Bank, destaca que en toda su carrera no ha visto una tecnología con el mismo potencial de aumento de la productividad que la IA. Sin embargo, el matiz clave reside en los plazos de implementación: las empresas necesitarán años para integrar estas herramientas en sus procesos de negocio y comenzar a obtener el máximo rendimiento. Este es un ejemplo clásico del efecto retardado de la innovación.

En la etapa actual, observamos una volatilidad significativa en los mercados, y Reid advierte acertadamente sobre una posible corrección en las acciones de las empresas de IA tras su rápido crecimiento. El impacto a largo plazo de la tecnología, en su opinión, va más allá de los ciclos del mercado, y el mundo espera un período de adaptación que podría ir acompañado de una reevaluación de las expectativas.

Una conclusión importante que comparto: es poco probable que el desarrollo de los grandes modelos de lenguaje (LLM) conduzca al desempleo masivo. Los precedentes históricos muestran que los avances tecnológicos no han reducido el nivel general de empleo, sino que más bien han transformado su estructura. La IA se convertirá en una herramienta para aumentar la eficiencia del trabajo, no en un sustituto directo del ser humano. Al mismo tiempo, como señala el experto, el crecimiento de la productividad no garantiza una reducción de la inflación; al contrario, la implementación de la IA puede conllevar riesgos inflacionarios adicionales.

La inversión supera al rendimiento

Los analistas de Deutsche Bank, en su informe World Outlook, pronostican que el crecimiento real de la productividad impulsado por la IA no se manifestará antes de 2026. Mientras tanto, el volumen de inversiones de capital en infraestructura de IA sigue batiendo récords. El pronóstico de consenso para el gasto de los mayores gigantes tecnológicos en el año en curso es de 527 mil millones de dólares, significativamente superior a las expectativas del inicio de la temporada de resultados.

Sin embargo, la magnitud de la inversión aún supera con creces el efecto económico medible. Según las estimaciones de Goldman Sachs, en 2026 estas inversiones añadirán solo alrededor de 0,3 puntos porcentuales al crecimiento real del PIB. Esto confirma que nos encontramos en la etapa de «construcción de los cimientos», no en la de «cosecha».

Mi evaluación experta: El mercado está sobrecalentado por las expectativas y una corrección es inevitable. Sin embargo, estratégicamente, la IA seguirá siendo el principal motor de la próxima década. Los inversores deberían centrarse en empresas con casos de implementación reales, no en historias especulativas. El período 2026-2028 será un punto de inflexión en el que la IA comenzará a demostrar una contribución medible a la economía, y aquellos que sobrevivan a la volatilidad actual saldrán ganando.