El Banco de la Reserva de la India (RBI) ha vuelto a adoptar una postura dura contra los activos digitales. Según documentos internos del regulador, se insta a los bancos y otras instituciones financieras del país a cesar por completo cualquier operación con criptomonedas y stablecoins privadas. Esto no es solo una recomendación, sino una señal de que el establishment indio pretende sofocar la industria a nivel institucional.

Paralelamente, la autoridad tributaria de la India emitió una advertencia sobre los crecientes riesgos de evasión fiscal a través de exchanges de criptomonedas en el extranjero, billeteras privadas y transacciones P2P. Según estimaciones fiscales, hay casi 39 millones de criptotraders en el país, cuyos activos combinados se valoran en 2.100 millones de dólares. Sin embargo, el panorama real es aún más preocupante: en el año fiscal que finalizó en marzo de 2023, 645.000 personas realizaron operaciones con activos digitales, pero menos de una cuarta parte de ellas declararon estas transacciones en sus declaraciones de impuestos.

Esta discrepancia entre el número de traders activos y la cantidad de operaciones declaradas es una señal de alerta para los reguladores. Alimenta los argumentos de los partidarios de una prohibición total, quienes afirman que las criptomonedas se utilizan principalmente para la evasión fiscal y operaciones ilegales. Por otro lado, demuestra que los inversores indios, a pesar de la retórica agresiva de las autoridades, continúan participando activamente en el mercado, utilizando herramientas descentralizadas y plataformas extraterritoriales.

Mi análisis: La India, como muchas otras economías en desarrollo, se enfrenta a un dilema: por un lado, el deseo de controlar los capitales y proteger el sistema fiduciario; por el otro, el enorme potencial de la industria cripto, que no se puede ignorar. El enfoque actual del RBI es un intento de sofocar el problema con prohibiciones, en lugar de resolverlo mediante la regulación. Sin embargo, la historia demuestra que, bajo restricciones severas, la actividad simplemente se vuelve subterránea, y el país pierde ingresos fiscales e innovación. Mientras la India no ofrezca un marco legislativo claro, su mercado seguirá siendo "gris", y millones de traders permanecerán fuera del radar de las autoridades fiscales.