El presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, firmó un decreto que legaliza la minería con gas de petróleo asociado (GPA) y da inicio a la formación de un mercado regulado de activos digitales y stablecoins. Sin embargo, contrariamente a lo esperado, no habrá un éxodo masivo de mineros rusos hacia este país. Mi análisis, basado en las opiniones de los principales expertos de la industria, muestra que Kazajistán está lejos de ser la opción más atractiva para la reubicación.

¿Qué aporta el decreto de Tokáyev?

El documento traslada las operaciones con criptoactivos al marco legal, incentiva a los participantes del mercado a salir de la zona gris y crea condiciones para la divulgación voluntaria de activos digitales con su posterior traslado a plataformas de proveedores nacionales. Se permite el uso de stablecoins para pagos transfronterizos a empresas y entidades gubernamentales. Los ingresos de personas físicas por operaciones con activos digitales están exentos del impuesto sobre la renta personal, siempre que las transacciones se realicen a través de la infraestructura regulada kazaja. A primera vista, es un paso progresivo. Pero el diablo, como siempre, está en los detalles.

Minería con GPA: no es una panacea

El punto clave es el aspecto técnico de la cuestión. Obtener electricidad a partir del GPA es un proceso ineficiente y costoso. El gas asociado es muy sulfuroso, sucio, y la mayor parte de los gastos de capital se destinan a su purificación. Precisamente por eso, los proyectos rusos actuales funcionan principalmente no con GPA, sino con gas seco desgasolinado (GSD) o gas natural. Ambas opciones son más limpias y baratas en cuanto a la organización de la infraestructura. En consecuencia, la legalización del GPA por sí sola no crea una ventaja competitiva inmediata.

¿Por qué los mineros de Rusia no se irán a Kazajistán?

Los expertos coinciden en lo principal: no habrá una migración masiva. Los argumentos son contundentes. En primer lugar, el equipo ya ha sido introducido en Rusia con el IVA ruso: transportarlo de vuelta no es económicamente viable. En segundo lugar, el precio del gas en Kazajistán es significativamente más alto: 14 rublos por metro cúbico frente a 7-8 rublos en Rusia. Añada los costos de construcción de infraestructura, capacitación del personal y reubicación de la empresa, y el panorama se vuelve completamente poco atractivo.

Es importante recordar el precedente histórico: en 2020, Kazajistán ocupaba el 2º-3º lugar en el hashrate mundial, pero debido a los complejos requisitos para el registro legal, los mineros se fueron de allí a Rusia. Ahora la situación se repite, pero en sentido contrario, solo que con una economía peor.

Impuestos, Bielorrusia y las perspectivas de Kazajistán

Los expertos coinciden unánimemente en que la jurisdicción más ventajosa para los mineros rusos no es Kazajistán, sino Bielorrusia. Allí, el impuesto sobre los ingresos de la minería es de solo el 1%, y la tarifa eléctrica es de 4 rublos por kilovatio-hora. En comparación: en Rusia, 5,5 rublos por kWh y un impuesto del 22%. Precisamente por eso, ya se está construyendo en Bielorrusia una gran plataforma de 80 MW en colaboración con el Parque de Altas Tecnologías.

En cuanto a Kazajistán, las perspectivas son inciertas. Quizás se cree allí una zona económica libre con gas barato, pero aún se desconoce hasta qué punto el estado está dispuesto a dar ese paso, considerando que el propio Kazajistán compra gas a otros países.

Problemas de los mineros rusos

La situación en Rusia empeora: de casi 200 000 mineros, solo unos 5 500 han registrado oficialmente su actividad, es decir, el 97% del mercado permanece en la sombra. Según los resultados de 2025, el erario podría dejar de recibir los 6 mil millones de rublos previstos en impuestos, obteniendo solo 567 millones. Paralelamente, se reduce la geografía de la minería legal: la minería está prohibida en diez regiones, incluida la provincia de Irkutsk, y se discute una prohibición total en el Sistema Energético Unificado del Centro, que abarca 19 sujetos y una cuarta parte del consumo del país.

Conclusiones

Mi posición como analista es clara: ni las características técnicas del GPA ni las condiciones económicas actuales convierten a Kazajistán en un imán para los mineros existentes. El endurecimiento de las condiciones dentro de Rusia (aumento de zonas prohibidas, permanencia en la sombra e impuesto del 22%) genera una presión que, a largo plazo, empujará a una parte de los actores a buscar nuevas jurisdicciones. Pero no huirán a Kazajistán, sino a donde los impuestos sean más bajos y la energía más barata, por ejemplo, a Bielorrusia. A Kazajistán aún le queda un largo camino por recorrer para convertirse en una alternativa real.