Según los resultados del primer semestre de 2026, las pérdidas totales de los criptoproyectos por hackeos ascendieron a aproximadamente $972 millones. Aunque esta cifra es impresionante, muestra una disminución significativa en comparación con el mismo período de 2025. Es notable que la cantidad de incidentes alcanzó un nivel récord: 207 ataques, sin embargo, el daño promedio por hackeo continúa reduciéndose.

El mayor progreso se observa en el sector DeFi: las pérdidas aquí cayeron un 74% desde los valores máximos de 2022, pasando de $2,62 mil millones a $680,3 millones. Esta fuerte reducción se explica por un conjunto de medidas: la implementación activa de programas de recompensas por búsqueda de vulnerabilidades, la realización de auditorías regulares y el aumento del número de especialistas calificados en seguridad.

La tendencia clave de este semestre es el desplazamiento de los vectores de ataque. Si antes los principales objetivos de los hackers eran las vulnerabilidades de los contratos inteligentes, ahora los riesgos están cada vez más relacionados con fallos de infraestructura, compromiso de claves privadas y errores en configuraciones entre cadenas. Esto indica que los atacantes se están adaptando, pasando de exploits técnicamente complejos a métodos más simples pero efectivos de ingeniería social y ataques a nivel de gestión de claves.

Desde mi punto de vista, la reducción de pérdidas es una señal positiva para el mercado, pero no debería generar complacencia. La cantidad récord de ataques indica que los hackers no se rinden, sino que simplemente cambian de táctica. Los proyectos deben prestar atención primordial no solo al código, sino también a toda la infraestructura operativa, incluidos los procesos de almacenamiento y gestión de claves privadas. Son precisamente estos factores "humanos" los que se están convirtiendo en el talón de Aquiles del DeFi moderno.