Japón se encuentra en el epicentro de una contradicción única y extremadamente peligrosa para los mercados. El gobierno del país y el Banco de Japón (BOJ) se mueven en direcciones directamente opuestas. Estamos presenciando un endurecimiento simultáneo de la política monetaria, una reducción del balance del banco central y un aumento del gasto presupuestario, una combinación sin precedentes en la historia reciente.

El servicio analítico Bull Theory destaca que, en medio de este desequilibrio, el ministro Katayama ha instado al fondo de pensiones estatal más grande del mundo, el GPIF (activos de 1,5 billones de dólares), y a otros fondos estatales a aumentar sus inversiones en activos nacionales. Actualmente, alrededor de la mitad de la cartera del GPIF corresponde a acciones y bonos extranjeros. Incluso un giro menor del fondo hacia Japón, según estimaciones de expertos, sacaría dinero real de los bonos y acciones del Tesoro estadounidense, dirigiéndolo de vuelta a casa. Un fondo de esta magnitud puede mover los mercados globales de deuda con un desplazamiento de unos pocos puntos porcentuales.

Los datos de inflación solo añaden tensión. El índice de precios al productor (IPP) de Japón se aceleró al 7,1% interanual, superando la previsión del 6,8% y la cifra del 6,3% del mes anterior. La lógica sugiere que la aceleración de la inflación y la preparación de un gran fondo para comprar bonos deberían empujar los rendimientos al alza. Sin embargo, el mercado mostró lo contrario: el rendimiento de los bonos del gobierno japonés (JGB) a 10 años cayó 10 puntos básicos, hasta el 2,775%, y el de los bonos a 20 años también cayó 10 puntos básicos, hasta el 3,765%. El mercado sigue siendo extremadamente sensible tras la crisis de enero de 2026, cuando el rendimiento de los JGB a 40 años superó el 4% por primera vez.

Doble presión: el BOJ se retira, el gobierno aumenta la deuda

El propio Banco de Japón genera presión adicional. Según Bull Theory, el regulador está reduciendo activamente su propio balance, aproximadamente en 502 mil millones de dólares desde el máximo de 2024, hasta los 4,33 billones de dólares. Cuantas menos compras realice el BOJ, más oferta de bonos tendrá que absorber el mercado por sí solo, precisamente cuando el gobierno planea aumentar la deuda. La situación se agrava con el nuevo plan fiscal: Japón tiene la intención de reducir el impuesto al consumo de alimentos del 8% al 1% a partir de abril de 2027, y redistribuir el 1% restante (alrededor de 600 mil millones de yenes al año) como pagos directos a los pobres. Cada uno de estos pasos implica nuevas emisiones de bonos para financiar el gasto público, justo en el momento en que el BOJ se aleja de su papel como comprador de última instancia.

El carry trade en el punto de mira

El carry trade del yen conlleva un peligro especial. Los fondos globales toman prestado JPY barato para comprar activos de mayor rendimiento en el extranjero. El volumen de este carry trade, según estimaciones de Bull Theory, sigue siendo de entre 4 y 8 billones de dólares. Además, a principios de este año, Japón gastó entre 72 y 73 mil millones de dólares para "proteger" el yen, pero el par USD/JPY aún alcanzó 162, un máximo de 40 años. Ya hubo un precedente: en agosto de 2024, un aumento de la tasa del BOJ de solo el 0,15% provocó un rápido desmantelamiento del carry trade. El índice Nikkei cayó más del 12% en una sola sesión, y Bitcoin se desplomó de aproximadamente 65.000 dólares a menos de 50.000 dólares en menos de una semana debido a las liquidaciones masivas de posiciones apalancadas.

Opinión del experto

Considero que la situación actual es una de las más explosivas para los mercados globales en 2026. El endurecimiento simultáneo de la política del BOJ, la reducción de su balance y el aumento del gasto presupuestario crean una estructura sin precedentes. El mercado de deuda de Japón está bajo presión, la inflación se acelera y el yen se mantiene cerca de sus mínimos de 40 años. Al BOJ le quedan cada vez menos soluciones sencillas. Si Japón comienza a repatriar capital, al mismo tiempo que intenta estabilizar el yen, esto podría socavar una de las mayores fuentes de liquidez del mundo. Para Bitcoin y otros activos de riesgo, esto implica una mayor volatilidad y el riesgo de repetir el colapso de agosto de 2024. El mercado debe estar preparado para cualquier escenario.