Expertos en seguridad de hardware han identificado una grave brecha en el sistema de protección de las populares carteras criptográficas Tangem. Se ha determinado que, mediante un ataque con láser, un atacante con acceso físico a la tarjeta de almacenamiento puede restablecer completamente la contraseña y obtener el control de todos los activos digitales asociados a ella.

A simple vista, las carteras Tangem parecen tarjetas bancarias comunes. En su interior cuentan con un chip Samsung seguro con certificación EAL6+, que se encarga de generar y almacenar las claves, así como de firmar transacciones. La clave maestra nunca abandona la tarjeta, y el acceso a los fondos está protegido por dos factores: la posesión física de la tarjeta y el conocimiento de la contraseña.

Sin embargo, como mostró un análisis detallado, el «talón de Aquiles» resultó ser la lógica de recuperación de contraseña. Las tarjetas se venden en juegos de dos o tres unidades con una clave maestra compartida, y el mecanismo estándar permite restablecer la contraseña si se dispone de dos tarjetas vinculadas. Es precisamente en esta función donde reside la vulnerabilidad.

La esencia del ataque láser

En el mecanismo de recuperación hay una verificación condicional: si la tarjeta está en modo de recuperación. Si es así, se acepta una nueva contraseña sin introducir la anterior. El objetivo del ataque es «romper» esta única verificación, haciendo que la tarjeta acepte una nueva contraseña sin activar el «verdadero» modo de recuperación.

El problema se agrava porque el comando de cambio de contraseña no tiene protección contra intentos repetidos. A diferencia de los comandos de autenticación, no introduce demoras ni bloqueos tras intentos fallidos, lo que permite probar una y otra vez.

El ataque en sí es técnicamente complejo e invasivo. Los investigadores abrieron la carcasa de plástico de la tarjeta con un bisturí, retiraron la pantalla protectora y expusieron el cristal de silicio del chip, y luego resoldaron la antena para una alimentación estable. El método principal fue la inyección de fallos con láser (laser fault injection). Un potente pulso de luz infrarroja se dirige a un punto específico del cristal en el momento exacto de la operación, lo que altera temporalmente el estado de los transistores e interrumpe el flujo del programa; en este caso, elude la verificación necesaria.

Un problema adicional fue la protección del propio chip. Al detectar una interferencia, el chip registraba datos en la memoria flash, y después de aproximadamente 256 de estos eventos, las tarjetas quedaban inutilizables sin posibilidad de recuperación. Para evitarlo, el equipo aprendió a monitorear la escritura en tiempo real y a cortar la alimentación antes de que se completara.

Alcance de la amenaza y conclusiones

Es importante destacar que desactivar la función de recuperación de contraseña en la configuración no es una solución. Esta configuración solo bloquea uno de los comandos de recuperación legítimos, mientras que el ataque no lo utiliza, sino que ataca directamente la verificación de estado.

No obstante, la empresa señala un alto umbral para su implementación: el ataque requiere acceso físico a la tarjeta, equipo de laboratorio especializado con un costo de aproximadamente $250,000 y una profunda experiencia en seguridad de hardware. En un modelo preparado, ofrecía una reproducibilidad del cien por cien, y cada nuevo intento tomaba alrededor de dos horas.

La conclusión clave para los usuarios: no existe un parche, pero el peligro es real. El ataque no se puede realizar de forma imperceptible ni devolver la tarjeta intacta. El riesgo real solo surge si la tarjeta se pierde o es robada; si permanece en manos del propietario, el escenario descrito es imposible.

Opinión del experto: Este hallazgo es un claro ejemplo de que incluso el «hardware» certificado no garantiza una protección absoluta. Para el usuario promedio, Tangem sigue siendo una solución segura siempre que la tarjeta nunca salga de sus manos. Sin embargo, los inversores con grandes sumas deberían considerar la protección multifactor y el uso de carteras de código abierto, donde las vulnerabilidades de este nivel se detectan y parchean más rápidamente.