A partir del 11 de julio de 2026, entra en vigor en Estados Unidos una prohibición sin precedentes de cuatro años sobre la emisión del dólar digital (CBDC). Esta restricción forma parte de un proyecto de ley bipartidista sobre asequibilidad de la vivienda que, a pesar de la falta de la firma del presidente Donald Trump, entra automáticamente en vigor tras el plazo constitucional.

Según la decisión adoptada, la Reserva Federal (FED) y cualquier otro organismo gubernamental quedan privados del derecho a emitir una versión digital de la moneda nacional hasta el 31 de diciembre de 2030. La ley fue aprobada por ambas cámaras del Congreso y, aunque Trump se negó a firmarla, tampoco ejerció su veto, lo que permitió que el documento se convirtiera en ley sin la aprobación presidencial directa.

Cabe destacar que esta iniciativa recibió apoyo tanto de republicanos como de demócratas, algo poco común en el actual entorno político polarizado. El argumento clave de los partidarios de la moratoria es la protección de la privacidad financiera de los ciudadanos y la prevención de un posible control total del Estado sobre los flujos de dinero.

En la comunidad profesional, esta decisión ha generado reacciones encontradas. Por un lado, otorga al mercado de criptomonedas y stablecoins tiempo adicional para desarrollarse sin la competencia de un activo digital estatal. Por otro lado, Estados Unidos corre el riesgo de quedarse atrás en la carrera global de las CBDC, donde China, la Unión Europea y otras jurisdicciones ya están probando activamente sus propias monedas digitales de bancos centrales.

Comentario analítico: En mi opinión, esta moratoria de cuatro años no es tanto una victoria para los entusiastas de las criptomonedas, sino más bien un respiro temporal. Teniendo en cuenta que China ya ha lanzado proyectos piloto del yuan digital con la participación de millones de usuarios, y que el BCE promueve activamente el euro digital, el retraso de la CBDC estadounidense podría debilitar significativamente la posición del dólar como moneda de reserva mundial a largo plazo. El mercado de stablecoins debería considerar este período como una ventana de oportunidades, pero no como una garantía de libertad eterna frente a la regulación estatal.