El criptocircuito ruso se está construyendo para pagos transfronterizos, pero las sanciones están cerrando gradualmente la salida al extranjero — esta paradoja pone en duda el sentido económico de toda la estructura. Sin embargo, según mi profunda convicción, precisamente la presión de las sanciones se convertirá en el catalizador que obligará al mercado a buscar soluciones más complejas, pero también más sostenibles.
Para quién se crea el criptocircuito
El análisis muestra que la nueva infraestructura resuelve problemas para cuatro grupos clave. Para los pagos de comercio exterior, se trata de una extensión orgánica del REP (régimen experimental legal) a un amplio círculo de participantes. Las divisiones de inversión obtendrán nuevos productos digitales, incluyendo oportunidades para los AFD (activos financieros digitales) y la atracción de capital internacional. Las entidades financieras y crediticias podrán ampliar los préstamos mediante factoring y titulización de deudas. El Estado, por su parte, canaliza la industria de facto existente hacia un cauce regulado y sujeto a impuestos, resolviendo los problemas de prevención de lavado de dinero/financiamiento del terrorismo y cumplimiento de los requisitos del GAFI.
Punto clave: para cada categoría —ya sean personas jurídicas o físicas— surgirán herramientas que actualmente escasean. Los grandes actores ya están acaparando el mercado, y esto solo es posible si existe legislación. No importa cuál sea exactamente; lo principal es que existan mecanismos legales.
Sanciones y sostenibilidad del circuito
Eludir las sanciones no es el objetivo principal de la estructura. La presión se ejerce y se seguirá ejerciendo en el marco del 20º paquete de la UE, pero los participantes del mercado lo saben y ya están tomando medidas para reducir los riesgos. Los temores de que los elementos de infraestructura caigan bajo sanciones secundarias son exagerados. El sistema funcionará igual que las operaciones fiduciarias.
Destaco tres mecanismos clave de protección. Primero, la interacción con soluciones con licencia de la CEI y eslabones intermedios, lo que difumina el rastro. Segundo, la gestión de la emisión de stablecoins basada en bancos: técnicamente es imposible rastrear y bloquear todo el sistema de emisión en su conjunto, ya que se duplica fácilmente. Tercero, el uso de alternativas: los AFD, los productos de inversión y la tokenización se convertirán en una opción de respaldo para los escenarios más severos.
¿Tiene sentido un circuito cerrado?
El valor de la criptomoneda radica en su carácter transfronterizo. Si el circuito está completamente cerrado dentro de la Federación Rusa, el sentido económico se reduce considerablemente. Sin embargo, el aislamiento total es imposible debido a la descentralización. Se puede intentar restringir la entrada y salida de dinero fiduciario, pero no todos los países apoyan las políticas de aislamiento, y DeFi está tan desarrollado que técnicamente es imposible poner todas las barreras sin destruir las herramientas.
El sentido económico del circuito ruso es dar al mercado la oportunidad de sortear las restricciones fiduciarias mediante criptomonedas y ganar dinero con ello. No se trata de aislamiento, sino de crear un canal alternativo para el capital.
Quién gana y quién pierde
Aquí las posiciones divergen. El mercado negro perderá —no desaparecerá, pero el flujo financiero a través de organizaciones no reguladas disminuirá gradualmente. Todos los demás, a largo plazo, solo ganarán. Sin embargo, también hay una evaluación más dura: los bancos ya están desarrollando su propia infraestructura y saben trabajar con criptoherramientas, por lo que están en ventaja. El capital pequeño y mediano, así como las startups, pierden. Para ellos hay tres caminos: migrar a otros países, venderse a los bancos en un futuro cercano, o crear productos que los bancos aún no tienen tiempo de desarrollar, pero que el mercado y los bancos-clientes específicos necesitan.
¿Para quién se construyen los criptodepositarios?
Los criptodepositarios y billeteras se crean para los clientes; es un requisito de la legislación. El uso de criptomonedas ha superado hace tiempo el círculo reducido de usuarios anónimos: comprar un coche o una propiedad con cripto, transferir fondos al extranjero requiere pruebas de origen legal. La función de los depositarios y billeteras reguladas es ayudar a los usuarios dentro del circuito legal. Los excesos son inevitables, pero no tanto por mala intención como por incompetencia: los nuevos productos son complejos a nivel técnico y de usuario.
Las alternativas independientes actuales son un fenómeno temporal y misterioso. La regulación cambiará el mercado y dará «luz verde» solo a los actores institucionales con grandes bases de clientes. Se trata de un nuevo segmento de usuarios: los actores tradicionales existentes, clientes de bancos, que recibirán el mismo servicio en su banco prioritario.
Mi conclusión experta: El criptocircuito ruso no es un intento de huir de las sanciones, sino un paso estratégico para integrar los activos digitales en el sistema financiero tradicional. Las sanciones solo acelerarán este proceso, obligando a los participantes del mercado a ser más inventivos. Saldrán ganando aquellos que puedan adaptarse a las nuevas reglas del juego: los grandes bancos y los actores institucionales. Las pequeñas y medianas empresas, no preparadas para la consolidación, corren el riesgo de quedar fuera.