Bolivia está considerando seriamente la posibilidad de integrar la stablecoin Tether (USDT) en su infraestructura de pagos nacional. El ministro de Economía del país, José Gabriel Espinoza Yáñez, confirmó que las autoridades están desarrollando activamente un marco normativo para regular los criptoactivos, lo que abre el camino para el uso de USDT en igualdad de condiciones con los instrumentos fiduciarios tradicionales.

Esta decisión es una continuación lógica de la liberalización del mercado de criptomonedas iniciada en 2024, tras la eliminación de la prohibición de larga data sobre las transacciones digitales. Como muestra el análisis, en los dos años posteriores a la eliminación de las restricciones, el volumen total de operaciones con criptomonedas en Bolivia superó los $14,800 millones. Estas cifras demuestran claramente la enorme demanda reprimida tanto de la población como de las empresas.

¿Por qué precisamente USDT?

La elección de Tether no es casual. USDT sigue siendo la stablecoin más líquida y extendida del mundo, especialmente en países con moneda nacional inestable. Para Bolivia, donde el boliviano está sujeto a presiones inflacionarias, la vinculación al dólar a través de USDT podría convertirse en una herramienta eficaz de ahorro y liquidación. Además, la stablecoin resuelve el problema de la volatilidad que disuade a los reguladores de las criptomonedas puras como Bitcoin.

Perspectivas regulatorias

Actualmente, las autoridades bolivianas se centran en crear reglas de juego claras: definir el estatus de los criptoactivos, los requisitos para los proveedores de servicios, las medidas contra el lavado de dinero (AML) y la protección de los derechos del consumidor. Dada la magnitud de las transacciones ya realizadas, la regulación llega con retraso, pero su aparición es una señal positiva para el mercado. La legalización de USDT en el sistema de pagos podría ser un catalizador para la entrada de inversiones institucionales y el desarrollo del sector fintech en el país.

Mi análisis: Bolivia sigue el camino trillado de El Salvador y otros países latinoamericanos, pero con un enfoque más pragmático: en lugar del volátil Bitcoin, apuesta por una stablecoin estable. Si el regulador logra equilibrar la innovación y el control, el país podría convertirse en un centro regional para pagos digitales dolarizados. Sin embargo, el riesgo clave sigue siendo la dependencia del emisor de USDT, la empresa Tether, cuya transparencia ha suscitado repetidamente preguntas por parte de los reguladores internacionales.