El mercado crediticio está enviando una de las señales más alarmantes de las últimas décadas. Por primera vez desde 1998, los operadores primarios han tomado una posición neta corta en bonos corporativos. Se trata de un volumen de aproximadamente $4 mil millones en lo que va del año. Esto significa que los operadores han vendido más riesgo crediticio del que realmente mantienen en sus balances.
En comparación: en 2017, los mismos bancos mantenían en su punto máximo un promedio de $16 mil millones en dichos valores. El giro de una gran posición larga a una corta es un momento extremadamente revelador que merece una atención cuidadosa.
¿Qué hay detrás de este giro?
Los analistas destacan varias posibles razones para este escenario. O los bancos temen un debilitamiento del mercado crediticio, o la demanda de bonos es demasiado alta para mantenerlos en reserva. Una tercera opción es que el comercio electrónico simplemente ha eliminado la necesidad de dichas reservas.
La mayor parte de las posiciones cortas se concentra en deuda a largo plazo: $13,7 mil millones en valores con vencimiento a partir de cinco años. Esta posición se compensa parcialmente con una posición larga de $9,66 mil millones en emisiones a más corto plazo. Son precisamente los valores a largo plazo los más sensibles al aumento de los rendimientos, por lo que los operadores muestran la máxima cautela con ellos.
Al mismo tiempo, los diferenciales crediticios se mantienen en mínimos de varios años. Esto significa que, por asumir riesgo crediticio, los operadores reciben una compensación extremadamente escasa. Un peligro particular lo representa un posible rebote. Si los bonos suben, los operadores podrían verse obligados a cerrar posiciones cortas en un mercado casi sin oferta, y la posición cómoda se convertiría en un giro rápido y brusco.
Paralelismos con el mercado de acciones
La señal alarmante se desarrolla en medio de un panorama inusual en el mercado bursátil. Según estimaciones, las ganancias de las empresas del índice S&P 500 podrían aumentar un 24% este año. El mercado no había visto tasas tan altas fuera de los períodos de recuperación posteriores a recesiones. Los analistas llaman a esto un "auge sin precedentes", impulsado por un fuerte crecimiento de las ganancias por acción de las grandes empresas tecnológicas.
Ambos cuadros se complementan. El optimismo récord en las acciones y la compensación casi nula por el riesgo crediticio apuntan a lo mismo: el mercado valora extremadamente baja la probabilidad de problemas. Y es precisamente esto lo que lo hace vulnerable a un giro brusco.
Comentario de Cryptalist: Históricamente, el mercado crediticio se resquebraja antes que el bursátil. La situación actual es una señal clásica de que el mercado está sobrecalentado y no incorpora riesgos en los precios. Para los inversores en criptomonedas, esto es un motivo para seguir más de cerca los indicadores macroeconómicos: si comienza una huida del riesgo, los activos digitales podrían verse presionados en primer lugar.