El sector de las Redes de Infraestructura Física Descentralizada (DePIN) atraviesa la crisis más profunda. Mis cálculos, basados en datos de plataformas analíticas, muestran que su capitalización de mercado se ha desplomado casi un 83% desde su máximo histórico. Desde marzo de 2024, cuando el valor del sector alcanzaba los $20,2 mil millones, se ha reducido a unos míseros $3,46 mil millones.
La caída no fue instantánea, sino que tuvo un carácter ondulatorio. Tras el pico de marzo de 2024, se produjo una serie de rebotes locales, el último de los cuales se registró en noviembre de 2024 en torno a los $19 mil millones. Sin embargo, desde el otoño de 2025, las ventas se aceleraron drásticamente, y para mediados de 2026, el sector se consolidó firmemente como uno de los de peor rendimiento entre todas las grandes narrativas de criptomonedas.
La magnitud del desastre
Las cifras son alarmantes. Durante 2025, la capitalización de DePIN se redujo más del 74%. En el segundo trimestre de 2026, el sector experimentó una caída del 24,8%, solo superada por las redes de segunda capa (-24,9%). Pero lo más grave es el colapso de proyectos individuales. Los tokens emitidos entre 2018 y 2022 se han depreciado entre un 94% y un 99% respecto a sus valores récord. Los ingresos por comisiones de las principales direcciones blockchain de DePIN se redujeron en promedio un 44,6% interanual.
Cuatro causas de la crisis
En mi análisis, identifico cuatro factores clave que llevaron al colapso:
1. Tokenómica inflacionaria. Las startups atraían a los operadores de equipos mediante una emisión excesiva de tokens. Tan pronto como el precio de las monedas comenzaba a caer, los ingresos de los participantes se depreciaban drásticamente. Estos desconectaban los nodos, lo que destruía la estabilidad de la red y desencadenaba una espiral de muerte.
2. Falta de demanda real. Según datos de Messari, los ingresos anuales de todo el sector ascendieron a solo $72 millones. El proyecto promedio ganaba alrededor de $110 mil al año. Las enormes valoraciones de capitalización se mantenían únicamente gracias a promesas vacías, no a una actividad económica real.
3. Cambio de prioridades de los inversores. En 2026, el mercado dejó de creer en historias atractivas. El capital se dirigió hacia activos refugio. Las altcoins sobrevaloradas, que carecían de métricas operativas sólidas, fueron las primeras en verse afectadas.
4. Brecha temporal. La infraestructura física requiere enormes inversiones y se construye durante años. Los inversores en criptomonedas, en cambio, buscan ganancias especulativas inmediatas. Esta contradicción fundamental hace que el modelo DePIN sea extremadamente vulnerable en las condiciones actuales del mercado.
A pesar del panorama sombrío, también veo aspectos positivos. Los líderes de la industria —Helium, Render y Akash— muestran un crecimiento en el uso real. La demanda de computación para inteligencia artificial les ayuda a transitar gradualmente hacia un modelo de negocio saludable. Sin embargo, para la reactivación de todo el sector se necesitará algo más que un simple progreso tecnológico: se requiere un cambio de mentalidad tanto de los fundadores como de los inversores.