El mercado ya ha comenzado a recompensar a las empresas que los inversores consideran futuros beneficiarios de la inteligencia artificial, incluso si las propias firmas aún no han implementado estas tecnologías. Según un nuevo análisis a gran escala, las acciones de estos «líderes potenciales» crecen en promedio un 0,64% más rápido por semana que los títulos del resto de los participantes del mercado. Los economistas han denominado a esta brecha sostenida en rentabilidad como la «prima por IA».

A esta conclusión llegó un grupo de investigadores tras analizar uno de los mayores conjuntos de datos sobre el consumo real de inteligencia artificial: 380 billones de tokens recopilados por la plataforma OpenRouter desde enero de 2024 hasta abril de 2026. El conjunto de datos abarca más de 400 modelos, incluidos GPT, Claude y DeepSeek, y refleja aproximadamente el 2% del consumo mundial mensual de IA.

Cómo se calculó la «prima por IA»

Para un análisis preciso del impacto de las tecnologías en el mercado bursátil, los científicos desarrollaron un indicador especial, el llamado «factor IA». Esta herramienta registra semanalmente los cambios en el consumo global de redes neuronales. Luego, las empresas se dividieron en dos grupos: aquellas cuyas acciones son sensibles al crecimiento de la popularidad de la IA y aquellas cuyos títulos prácticamente no reaccionan a dichos cambios.

La comparación de la rentabilidad de estos grupos reveló una brecha significativa. Las acciones de los potenciales beneficiarios generaban a los inversores aproximadamente un 0,64% más de ganancia por semana. Esta diferencia fue precisamente la que se definió como la «prima por IA».

A primera vista, un 0,64% semanal puede parecer una cantidad insignificante. Sin embargo, el efecto acumulado durante un año genera una brecha colosal a largo plazo. El mercado bursátil revaloriza constantemente los activos basándose en expectativas futuras, no en indicadores actuales.

Punto clave: el estatus de «beneficiario» se determina exclusivamente por las expectativas de los inversores, no por los resultados financieros actuales. El ingreso adicional no lo obtienen las empresas que ya han implementado herramientas de IA, sino aquellas en cuyo potencial de crecimiento cree el mercado. Una compañía puede no utilizar estas tecnologías en absoluto hoy, pero si los inversores ven perspectivas en ella, su capitalización crece.

Quiénes se benefician

Primer hallazgo importante: la prima se ha extendido mucho más allá del sector tecnológico. Obtienen ingresos elevados los minoristas, los fabricantes de bienes de consumo e incluso la industria pesada. Los inversores esperan un crecimiento masivo de la productividad laboral en todos los ámbitos empresariales. Como señaló uno de los coautores del estudio, Aleh Tsyvinski, la historia de la IA no es solo un argumento tecnológico, sino una historia mucho más amplia que afecta a empresas y trabajadores en todas las partes de la economía.

Segundo factor inesperado: la geografía de la distribución de las ganancias. El volumen principal de la prima se concentra en Estados Unidos y los países europeos, que están estrechamente vinculados a la creación de infraestructura y la construcción de centros de datos modernos. En China y los mercados emergentes, este efecto es significativamente más débil.

Tercer hallazgo: el papel de la estructura de los propios usuarios. Es lógico suponer que el mercado está impulsado por millones de usuarios comunes. Sin embargo, un análisis detallado mostró un panorama diferente: la prima financiera la forma exclusivamente el segmento profesional: consultas largas y complejas y suscripciones de pago.

Como destacó la coautora del estudio, Nicola Borri, la prima la establecen precisamente los profesionales que trabajan con IA avanzada, no aquellos que de vez en cuando prueban modelos gratuitos o de código abierto. Los inversores valoran la profundidad de la integración de las tecnologías, no la cobertura masiva.

Opinión del experto. Este análisis confirma que el mercado está pasando del ciclo de hype a una evaluación racional de la implementación real de la IA. Los inversores deberían centrarse no en los anuncios rimbombantes sobre la «implementación de IA», sino en la profundidad del uso de las tecnologías en los procesos empresariales de las empresas. El consumo profesional de IA es el verdadero motor del crecimiento de la capitalización.