El mercado de redes de infraestructura física descentralizada (DePIN) ha sufrido un colapso dramático. Desde que alcanzó su máximo histórico, su capitalización total se ha reducido casi un 83%, pasando de 20.200 millones de dólares en marzo de 2024 a los actuales 3.460 millones de dólares. Esto no es solo una corrección, sino una crisis sistémica que ha puesto en duda la viabilidad de todo un sector.
Es especialmente alarmante que la caída continúe. Solo en la primera mitad de 2026 (del 1 de enero al 15 de julio), el sector perdió otro 23,4% de su valor. Como resultado, DePIN se ha consolidado firmemente en la lista de los grandes narrativos de criptomonedas con peor rendimiento.
La magnitud del desastre
La disminución no fue lineal. Después del pico de marzo de 2024, el mercado intentó recuperarse en varias ocasiones, formando máximos locales. El último intento significativo se registró en noviembre de 2024, en torno a los 19.000 millones de dólares. Sin embargo, desde el otoño de 2025, las ventas se aceleraron bruscamente y, para mediados de 2026, la capitalización del sector tocó fondo en 3.460 millones de dólares.
Las estadísticas de 2025 son aún más desalentadoras. Según mis cálculos, basados en datos abiertos, el año pasado la capitalización de DePIN se redujo más del 74%, lo que situó al sector entre los diez peores en términos de dinámica anual. En el segundo trimestre de 2026, los rezagados entre todos los narrativos del mercado fueron:
- Redes de Capa 2: -24,9%
- Dirección DePIN: -24,8%
- Plataformas de Capa 1: -22,8%
No solo las cotizaciones bursátiles de los tokens se vieron presionadas. Los ingresos por comisiones de los grandes proyectos blockchain se redujeron en promedio un 44,6% interanual. Y la situación de ciertos activos digitales dentro del ecosistema DePIN es francamente lamentable. Las monedas emitidas entre 2018 y 2022 se han depreciado entre un 94% y un 99% respecto a sus niveles de precio récord.
Cuatro causas de la crisis
Analizando la situación, identifico cuatro factores clave que han llevado a una caída tan devastadora.
1. Tokenómica inflacionaria. Las startups atrajeron a operadores de equipos mediante una emisión excesiva de tokens. Sin embargo, la caída del precio de las monedas depreció drásticamente los ingresos de los participantes. Como resultado, comenzaron a desconectar nodos, rompiendo la estabilidad de la red y desencadenando una espiral de muerte.
2. Falta de demanda real. Todo el ecosistema se construyó sobre promesas, no sobre dinero real. Según estimaciones, los ingresos anuales de todo el sector ascendieron a solo 72 millones de dólares. El proyecto promedio ganaba alrededor de 110.000 dólares al año. Las enormes valoraciones de las startups se mantenían únicamente sobre promesas vacías.
3. Cambio de prioridades de los inversores. En 2026, el mercado pasó de creer en narrativos a exigir métricas operativas sólidas. El capital fluye apresuradamente hacia activos refugio. Las altcoins sobrevaloradas, entre las que se incluyen muchos proyectos DePIN, se vieron lógicamente afectadas.
4. Brecha temporal. La infraestructura física se construye durante años y requiere enormes inversiones de capital. Los inversores en criptomonedas, en cambio, se centran exclusivamente en obtener ganancias especulativas inmediatas. Esta es una contradicción fundamental entre la naturaleza a largo plazo de DePIN y las expectativas a corto plazo del mercado.
Opinión de experto de Cryptalist: A pesar de la dinámica de precios catastrófica, las tecnologías subyacentes de DePIN continúan desarrollándose. Proyectos emblemáticos como Helium, Render y Akash muestran un crecimiento en el uso real, especialmente en el ámbito de la computación para inteligencia artificial. Sin embargo, hasta que el mercado no vea un crecimiento sostenido de los ingresos y la adopción, el sector permanecerá en una zona de alto riesgo. La situación actual es una purga cruel pero necesaria del mercado de proyectos sin valor real.