Los contratos binarios de cinco minutos de Polymarket sobre el movimiento del precio de bitcoin resultaron no ser solo una herramienta para apuestas, sino un mecanismo eficaz de redistribución de capital. Una nueva investigación realizada por analistas de Stanford y la Universidad de Gestión de Singapur ha revelado una alarmante tendencia: estos contratos transferían sistemáticamente fondos de los traders minoristas a un pequeño grupo de manipuladores, distorsionando al mismo tiempo el precio al contado de la principal criptomoneda.
El producto, que no existía antes del 12 de febrero de 2026, en cuestión de meses acumuló un volumen de negociación de más de $4 mil millones, triplicando el volumen diario de operaciones de toda la plataforma. La mecánica es simple: el contrato paga $1 si bitcoin cierra una ventana de cinco minutos por encima del nivel de apertura, y $0 en caso contrario. El defecto clave, según los autores del trabajo «Manipulación de liquidaciones en mercados de predicción», residía en el mecanismo de cálculo a través del oráculo Chainlink, que promediaba el precio según las principales bolsas al contado.
Cómo funcionaba el esquema
Un trader que mantuviera el contrato podía comprar o vender bitcoin real en los últimos segundos de la ventana, desplazando el precio de referencia por encima del umbral necesario. La protección en forma de mezcla de bolsas en el oráculo resultó ser ilusoria. La plataforma más grande, Binance, se desviaba del valor promedio del oráculo en solo 2,5 puntos básicos y se movía casi sincrónicamente con él. Era a través de Binance donde se ejercía presión sobre el precio: en el 85% de los casos, la bolsa se encontraba en el mismo lado del umbral que el resultado del cálculo. Para ganar, bastaba con empujar el precio en Binance unos pocos puntos básicos por encima del umbral, y el resultado estaba decidido.
Un retroceso característico confirma la manipulación: diez segundos después del cálculo, el precio recuperaba aproximadamente una cuarta parte del movimiento en ciclos cercanos al equilibrio. Las intervenciones ocurrían principalmente en horas tranquilas: un 56% durante la noche y un 44% los fines de semana.
Cifras y consecuencias
En ciclos cercanos al equilibrio, un empujón en contra del favorito cambiaba al ganador en el 65% de los casos, frente al 41% en operaciones normales. Incluso cuando una de las partes tenía un 90–100% de probabilidades antes del cierre, el empujón invertía el resultado en el 34% de los casos. Solo 821 traders encajaban en el perfil del manipulador, aproximadamente uno de cada trescientos entre los 243,000 participantes. En los ciclos con empujones, obtuvieron $8.2 millones, mientras que en los demás se mantuvieron sin cambios. Además, el 93% de todas las pérdidas recayeron en los traders minoristas.
Los autores descartaron la versión de una cobertura inofensiva: en la cobertura, un contrato binario casi no conlleva riesgo cuando una de las partes está cerca de ganar, pero eran precisamente esos ciclos los que el empujón invertía. Además, las operaciones se realizaban de un solo golpe en los últimos cincuenta segundos, no de forma gradual.
La solución al problema, según los investigadores, radica en el plazo del contrato. En un contrato de quince minutos no hubo manipulaciones: una ventana más larga dejaba pasar más operaciones normales que diluían el empujón único. Realizar la manipulación se volvía mucho más difícil.
Mi opinión experta: Polymarket, que se posiciona como un mercado de predicciones descentralizado y transparente, se ha convertido en realidad en un entorno ideal para «descremar» a los jugadores minoristas. El problema no está en la cadena de bloques en sí —cada transacción es visible—, sino en la arquitectura del contrato, donde una ventana corta y una protección débil del oráculo hacen que la manipulación sea trivial. Si Nasdaq y Cboe, que han presentado solicitudes ante la SEC para contratos binarios sobre índices bursátiles, no tienen en cuenta esta lección, el mismo problema se trasladará a mercados mucho más grandes. Polymarket debería alargar la ventana o reconsiderar el mecanismo de cálculo; de lo contrario, la confianza en la plataforma se verá definitivamente socavada.