El mercado de la robótica militar recibe a un nuevo jugador con planes ambiciosos. El fabricante de robots humanoides Foundation Future Industries, cuyo inversor clave y asesor estratégico es Eric Trump, ha anunciado su intención de equipar sus máquinas con sistemas de armas. El cofundador y CEO de la compañía, Sanket Pathak, confirmó que los primeros prototipos podrían presentarse en los próximos dos meses.

El modelo actual, Phantom MK-1, está lejos de estar listo para el combate. Con una altura de 175 cm y un peso de 80 kg, el robot puede transportar hasta 20 kg de carga, pero sufre de un tiempo de autonomía limitado, falta de protección contra el agua y el polvo, así como una interacción poco fiable con objetos complejos. Sin embargo, la compañía ya está considerando «soluciones cinéticas», un eufemismo para sistemas de armas. Pathak aclaró que, en la mayoría de los escenarios, la decisión de abrir fuego la tomará un humano, excepto en sistemas de interceptación de drones y misiles, donde la velocidad de reacción es crítica.

Preparación técnica y escepticismo de los expertos

Las evaluaciones de los expertos difieren significativamente de las declaraciones de Foundation. Rodney Brooks, profesor emérito del MIT, predice que el funcionamiento fiable de los humanoides en entornos desconocidos no será posible antes de una década. Esto contrasta con los planes de la compañía de comenzar el uso militar en un plazo de 12 a 18 meses. Pathak califica estas preocupaciones como exageradas, destacando que los robots reducirán los riesgos para los soldados.

La siguiente versión, la MK-2, debería contar con protección contra factores externos, pero su lanzamiento está previsto recién para 2026. Persisten problemas fundamentales: las baterías requieren reemplazo o mayor capacidad, y el control de las manos —una habilidad críticamente importante para manejar armas, seguros y recargas— sigue siendo un desafío de ingeniería complejo.

Manipulaciones financieras y trasfondo político

La información sobre los contratos de Foundation plantea interrogantes. Anteriormente se informó sobre la obtención de un contrato del Pentágono por 24 millones de dólares, pero un análisis detallado muestra un panorama diferente. En realidad, la compañía heredó dos contratos de la absorbida Boardwalk Robotics y ejecuta tres proyectos a través del Instituto de Cognición Humano-Máquina. El registro SBIR solo confirma un contrato de Boardwalk con la Fuerza Aérea de EE. UU. por aproximadamente 1,8 millones de dólares. Por lo tanto, la sonada declaración sobre un contrato multimillonario probablemente sea la suma de varios proyectos, no un acuerdo único.

Este hecho no ha pasado desapercibido para los políticos. La senadora demócrata Elizabeth Warren ya calificó los vínculos del hijo del presidente con un contratista de defensa como «corrupción a la vista», preguntándose si el Pentágono se ha convertido en un «cajero automático para los hijos de Trump». La situación añade tensión al debate sobre la transparencia en las adquisiciones de defensa.

Las ambiciones de Foundation van mucho más allá: la compañía intentó recaudar hasta 500 millones de dólares con una valoración superior a los 3 mil millones y afirma tener planes de producir hasta 50 000 humanoides para finales de 2027. Sin embargo, con el volumen de producción actual de 40 máquinas al año, estas cifras parecen más una jugada de marketing que un plan realista.

Mi análisis: Foundation Future Industries es un claro ejemplo de cómo el capital político y las declaraciones rimbombantes intentan compensar la inmadurez técnica del producto. Por ahora, no vemos un robot de combate, sino un costoso concept car que solo puede obtener financiación gracias a las conexiones, no a capacidades reales. El mercado de los robots militares requiere décadas de desarrollo, no meses, y los inversores deberían ser extremadamente cautelosos con tales promesas.