El mercado de tecnología militar entra en una nueva fase. El 17 de julio, Foundation Future Industries, empresa especializada en la creación de robots humanoides, anunció su intención de integrar sistemas de armamento en sus máquinas. Se espera que los primeros prototipos se presenten en los próximos meses.
El inversor clave y asesor estratégico de la startup es Eric Trump, hijo del actual presidente de Estados Unidos. Esto otorga al proyecto no solo peso tecnológico, sino también político. Foundation posiciona a sus humanoides como una plataforma universal para logística, reconocimiento, inspección y, lo que es más importante, para participar en operaciones de combate.
La versión actual del robot, Phantom MK-1, aún está lejos de ser ideal para el campo de batalla. Entre las limitaciones clave se encuentran la insuficiente capacidad de las baterías, la falta de protección contra factores externos (agua, polvo) y un funcionamiento inestable con objetos complejos. Sin embargo, esto no impide que la empresa anuncie planes para equipar las máquinas con armamento.
«Soluciones cinéticas» y autonomía
El director ejecutivo de Foundation, Sanket Pathak, no reveló las características exactas del armamento, pero confirmó que la empresa está estudiando «varias soluciones cinéticas». Bajo este término se entiende el desarrollo de sistemas de armas capaces de convertir al humanoide en una unidad de combate. Por ahora son solo planes, pero la dirección del desarrollo es evidente.
Un matiz importante es el control del fuego. Según Pathak, en la mayoría de los escenarios, la decisión de abrir fuego la tomará un humano. La excepción serán los sistemas que requieran una reacción instantánea, como la interceptación de drones o misiles. Por lo tanto, Foundation no descarta por completo el uso autónomo de la fuerza, lo que plantea serias cuestiones éticas.
Madurez técnica y escepticismo de los expertos
El Phantom MK-1 mide 175 cm de altura, pesa 80 kg y es capaz de transportar hasta 20 kg de carga. La siguiente versión, MK-2, debería contar con protección contra agua y polvo, pero su lanzamiento está previsto solo para 2026. Además de la protección, la alimentación eléctrica y el control de los manipuladores siguen siendo problemas acuciantes. Sostener un arma es una cosa, pero manipular el seguro o recargar bajo el fuego es una tarea de un nivel de complejidad completamente diferente.
Los principales expertos en robótica se muestran escépticos. Rodney Brooks, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts y reconocido pionero en la industria, afirma que el funcionamiento fiable de los humanoides en entornos complejos y desconocidos es una cuestión de al menos una década. Esta afirmación contradice directamente los ambiciosos planes de Foundation de comenzar el uso militar de las máquinas en un plazo de 12 a 18 meses.
Contratos y trasfondo político
Merece especial atención la historia de la financiación. Anteriormente, en los medios circuló información sobre un contrato con el Pentágono por 24 millones de dólares, que se presentaba como un logro directo de Foundation. Sin embargo, un análisis detallado muestra que esta cantidad se compone de varios proyectos heredados y relacionados, y no es un único contrato nuevo. El único contrato confirmado de la Fuerza Aérea de EE. UU. por 1,8 millones de dólares fue para la empresa Boardwalk Robotics, que posteriormente fue adquirida por Foundation.
En medio de estas noticias, la senadora demócrata Elizabeth Warren ya calificó los vínculos del hijo del presidente con un contratista de defensa como «corrupción a la vista». La situación se vuelve explosiva no solo desde el punto de vista tecnológico, sino también político.
Mi análisis: Por ahora, las declaraciones de Foundation parecen más un marketing agresivo y un intento de capitalizar el capital político. La tecnología de los robots humanoides de combate aún se encuentra en una etapa incipiente. Incluso si se muestra un prototipo con armas en los próximos meses, pasarán años, si no décadas, hasta un despliegue real en combate y un funcionamiento fiable. Los inversores y el mercado deben ser extremadamente cautelosos con las promesas grandiosas que no estén respaldadas por resultados técnicos reales.