Washington continúa mostrando un optimismo cauteloso respecto al destino de la Ley CLARITY, un proyecto de ley emblemático que, por primera vez en la historia de EE. UU., establecería una regulación federal integral para la industria de las criptomonedas. Sin embargo, detrás de la fachada de esperanza se esconde una aguda controversia ética que pone en riesgo todo el proceso.

El problema principal radica en las disposiciones relacionadas con los conflictos de interés en criptomonedas, directamente vinculadas al nombre de Donald Trump. La versión actual del documento no cuenta con el apoyo de los demócratas, lo que crea una barrera política insuperable. Según mis estimaciones, sin resolver este asunto, el proyecto de ley corre el riesgo de quedarse en meras buenas intenciones.

Profunda división en Capitol Hill

Mis fuentes en el Congreso y entre los líderes de la industria de las criptomonedas confirman que el trabajo técnico sobre el texto podría completarse en los próximos meses. Sin embargo, la voluntad política es una variable mucho más compleja. Los demócratas insisten en incluir normas éticas estrictas que eliminen cualquier posibilidad de usar criptomonedas para presionar por intereses personales de altos funcionarios.

El principal escollo es precisamente el conflicto de intereses relacionado con el imperio empresarial de Trump. Hasta que no se encuentre una solución de compromiso que satisfaga a ambos partidos, la aprobación de la Ley CLARITY seguirá siendo incierta.

Mi conclusión profesional: El mercado subestima la profundidad de este callejón sin salida ético. Incluso si la preparación técnica se completa a tiempo, sin un consenso político sobre el "punto Trump", el proyecto de ley podría posponerse indefinidamente. Los inversores deberían prepararse para una larga espera, en lugar de un avance rápido en la regulación.