El Banco Central Europeo (BCE) da la voz de alarma: el rápido crecimiento de la popularidad de las stablecoins podría provocar una fuga masiva de depósitos minoristas del sistema bancario tradicional. Así lo declaró Piero Cipollone, miembro del comité ejecutivo del BCE, durante la reunión anual de la federación italiana de bancos cooperativos Federcasse.
Según Cipollone, el sector bancario ya está sintiendo la presión de los servicios de pago móvil, perdiendo ingresos por comisiones y el control sobre los datos de los clientes. Sin embargo, la verdadera amenaza reside precisamente en las stablecoins, activos digitales vinculados a monedas fiduciarias. «Si el uso de las stablecoins sigue creciendo, los bancos se enfrentarán a una fuga directa de depósitos minoristas», subrayó.
El euro digital como salvavidas
En este contexto, Cipollone presentó el euro digital (CBDC) como una herramienta estratégica capaz de preservar el papel del dinero público en la era de los pagos digitales y, al mismo tiempo, mantener a los bancos dentro del ecosistema de pagos. El argumento clave es la necesidad de crear una infraestructura europea soberana. Actualmente, dos tercios de todas las transacciones con tarjeta en la UE se procesan a través de sistemas no europeos, y esta proporción no deja de aumentar. Además, en 13 de los 21 países de la eurozona no existe un sistema nacional de tarjetas, y más de la mitad de los estados carecen de soluciones propias para el comercio electrónico.
Según los cálculos del regulador, un euro digital bien diseñado —con límites estrictos de tenencia y un tipo de interés cero— no supondrá una amenaza para la liquidez bancaria ni la estabilidad financiera. Al contrario, podría convertirse en un ancla de confianza en un contexto donde las stablecoins privadas están asumiendo funciones del dinero.
Recordemos: el 14 de julio, el BCE seleccionó a 36 bancos y empresas de pago para las pruebas piloto del euro digital. La fase operativa del proyecto comenzará en la segunda mitad de 2027 y durará 12 meses.
Mi análisis: Las declaraciones del BCE no son mera retórica burocrática, sino una señal clara al mercado. Los bancos son realmente vulnerables: las stablecoins ofrecen liquidaciones instantáneas y rendimientos que los depósitos tradicionales no pueden proporcionar. Si la UE no acelera la implementación del euro digital, corremos el riesgo de ver cómo los emisores privados de stablecoins se convierten, de facto, en los nuevos «bancos centrales» para los usuarios minoristas. La cuestión no es si se producirá una fuga —ya ha comenzado—. La cuestión es si los reguladores lograrán tomar la iniciativa a tiempo.