En Capitol Hill se mantiene un optimismo cauteloso respecto al destino de la CLARITY Act, un proyecto de ley que, por primera vez en la historia de Estados Unidos, establecería una regulación federal integral para la industria cripto. Sin embargo, el principal obstáculo sigue siendo las disposiciones relacionadas con la ética y los posibles conflictos de interés vinculados a las actividades de Donald Trump en activos digitales.

Un análisis de la versión actual del documento muestra que aún no cuenta con el apoyo de los demócratas. Esto no es sorprendente: la cuestión de cómo interpretar la participación del expresidente (y su familia) en proyectos cripto genera profundas divisiones. Los republicanos, buscando acelerar la aprobación de la ley, insisten en suavizar las normas éticas, mientras que los opositores exigen restricciones estrictas.

No obstante, mis fuentes en el Congreso y entre los actores clave de la industria afirman que el trabajo técnico sobre el texto podría completarse en los próximos meses. La CLARITY Act en sí misma es un paso largamente esperado hacia la creación de certeza jurídica para el mercado. Su objetivo es delimitar las competencias de la SEC y la CFTC, así como establecer reglas claras para las stablecoins y la minería.

Sin embargo, sin resolver la cuestión ética, la ley corre el riesgo de seguir siendo un rehén político. Mientras las partes no encuentren un compromiso, la industria cripto de EE. UU. continuará existiendo en un entorno de incertidumbre, lo que debilita su competitividad global.

Opinión de experto: La voluntad política para aprobar la CLARITY Act es evidente, pero estimo que la probabilidad de que pase por el Congreso en la sesión actual no supera el 40%. Las disputas éticas son solo la punta del iceberg; más profundo yace la cuestión fundamental de cómo el Estado debe controlar las finanzas descentralizadas sin sofocar la innovación.