El mercado de inteligencia artificial muestra una burbuja que, por su magnitud, ya ha superado a la infame burbuja de las puntocom de finales de los 90. Como analista, sigo de cerca estos paralelismos, y los datos que vemos hoy invitan a reflexionar seriamente sobre el sobrecalentamiento del sector.
La diferencia clave radica en los volúmenes de capital. En la era de las puntocom (1999-2001), los gastos totales en infraestructura ascendieron a unos 500 mil millones de dólares. Hoy, en 2025-2026, esta cifra se ha disparado a 5,8 billones de dólares. Esto supone un crecimiento de más de diez veces.
Otra señal alarmante son los tamaños de las colocaciones. La mayor OPI de la época de las puntocom recaudó unos 4 mil millones de dólares. Ahora, esta cifra ha alcanzado los 86 mil millones de dólares. Además, las empresas que salen a bolsa suelen ser no rentables. La empresa no rentable más cara de la era de las puntocom valía unos 100 mil millones de dólares. Su equivalente actual está valorado en 965 mil millones de dólares.
Observamos signos clásicos de sobrecalentamiento. Empresas no rentables salen a bolsa en el pico del entusiasmo. Por ejemplo, SpaceX ya entró en números rojos un mes después de la mayor OPI en la historia del mercado. Esto me recuerda la situación de Lucent y Nortel a finales de los 90, que financiaban a sus clientes y terminaron en quiebra.
¿Por qué es más peligrosa la burbuja actual?
El principal peligro radica en que la burbuja de las puntocom era principalmente bursátil. La burbuja actual de la IA incluye crédito privado, bonos de proyectos e incluso dinero de compañías de seguros. Toda esta estructura multicapa se canaliza hacia la infraestructura de centros de datos.
Los ejemplos son preocupantes. La empresa Blue Owl congeló la retirada de fondos de los inversores, mientras financiaba el 80% del campus de Meta (prohibida en Rusia) en Luisiana, valorado en 250 mil millones de dólares. La calificación de Oracle se redujo casi a "basura": la mitad de su cartera de pedidos depende de OpenAI. Anthropic tiene 90 mil millones de dólares en obligaciones de arrendamiento de capacidad con cero ganancias antes de su OPI.
La IA es una tecnología real, como lo fue internet en 1999. Pero la cuestión no es la tecnología, sino el precio. ¿Justifican las empresas las sumas que los inversores pagan por ellas? Los informes públicos pronto darán la respuesta. Mi pronóstico: la corrección es inevitable y será dolorosa para quienes no entienden la diferencia entre innovación y especulación.