La semana pasada estuvo marcada por un evento que revolucionó las concepciones tradicionales sobre la diplomacia monetaria. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos llevó a cabo una intervención a gran escala para apoyar al yen japonés, pero lo hizo de manera inesperada: vendiendo euros, no dólares. Además, el Banco Central Europeo (BCE) fue informado de los hechos solo después de que se completara la operación.

Esta decisión rompe con la práctica establecida durante décadas, en la que los bancos centrales occidentales coordinaban este tipo de acciones con antelación. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, y el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, discutieron lo ocurrido solo al día siguiente, cuando el Banco de la Reserva Federal de Nueva York ya había ejecutado por completo la orden del Tesoro estadounidense.

Por qué la elección recayó en el euro

La elección de la moneda para la intervención no es casual. Vender dólares habría contradicho directamente la política de dólar fuerte que Bessent promueve de manera consistente. El uso de reservas en euros permitió a Washington resolver el problema sin dañar su propia moneda. Los analistas señalan que la regla del carry trade del yen ya no funciona, y que se requieren otros mecanismos para estabilizar la moneda japonesa.

El mercado reaccionó al instante: el tipo de cambio del dólar frente al yen cayó desde alrededor de ¥164 hasta ¥158 en un corto período de tiempo, estabilizándose posteriormente en el nivel de 158,40. Los índices bursátiles japoneses, por su parte, resistieron, mostrando solo una corrección menor.

Reacción de Europa y riesgos futuros

En el BCE calificaron lo ocurrido como una violación de décadas de coordinación, subrayando lo sin precedentes del paso. Desde el Tesoro de EE. UU. responden que la decisión sobre la distribución de los fondos del estabilizador se toma exclusivamente considerando la liquidez del mercado y el valor de los activos, y que la confidencialidad de las negociaciones con socios extranjeros es una práctica normal.

Los economistas vinculan esta táctica con los temores de que Tokio, en respuesta, pueda comenzar a vender bonos del gobierno estadounidense. Actualmente, los operadores estiman en un 44% la probabilidad de que el Banco de Japón suba las tasas en septiembre, y el gobernador del banco central, Kazuo Ueda, advierte sobre crecientes riesgos inflacionarios.

Los funcionarios europeos intentan comprender si esta intervención será un caso aislado. Sin embargo, el episodio demuestra claramente: el equipo de Trump está dispuesto a proteger las monedas de los aliados con métodos nuevos, a veces radicales.

Mi opinión: este paso es una señal de un cambio fundamental en la arquitectura monetaria global. EE. UU. ha reconocido de facto que el dólar es demasiado fuerte para apoyar a sus aliados, pero no está dispuesto a sacrificar su estatus. El uso del euro como "amortiguador" crea un precedente peligroso que podría socavar la confianza en la coordinación de los bancos centrales en el futuro. Para el mercado de criptomonedas, esto es un positivo indirecto: el aumento de la volatilidad de las monedas fiduciarias tradicionalmente refuerza el interés en los activos descentralizados.