Las exportaciones chinas en julio mostraron un impresionante crecimiento del 23,9% interanual, superando significativamente las previsiones de consenso de los analistas, que esperaban un aumento de alrededor del 22-23%. El principal catalizador fue la explosiva demanda mundial de semiconductores y equipos de alta tecnología, especialmente en el ámbito de la infraestructura para la inteligencia artificial (IA).

Este poderoso impulso externo ayuda a la segunda economía del mundo a mantener su posición en medio de las persistentes tensiones comerciales. Sin embargo, detrás de las brillantes estadísticas se esconde una brecha preocupante: las fábricas exportadoras operan a plena capacidad, mientras que el consumo interno sigue siendo débil, lo que indica desequilibrios estructurales.

Los semiconductores, el principal beneficiario del auge

El motor clave del crecimiento fueron los circuitos integrados. El valor de las exportaciones de chips de China en siete meses casi se duplicó, y en julio los envíos se dispararon un 117% en comparación con el nivel del año anterior. Los productos de maquinaria y equipos eléctricos representaron más del 60% de todas las exportaciones en el período analizado.

Destacan especialmente los envíos de vehículos eléctricos, baterías de iones de litio y equipos para energía eólica. Paralelamente, se observa un fuerte aumento de la demanda de robots industriales e impresoras 3D, lo que refleja la carrera tecnológica global.

Las importaciones también crecieron un 27,5%, y el superávit comercial alcanzó los 112.500 millones de dólares, superando las expectativas del mercado de 107.000 millones, aunque por debajo de los 125.600 millones de junio. No obstante, el ritmo de crecimiento de las exportaciones en julio se desaceleró en comparación con el 27% de junio, la cifra más alta desde octubre de 2021.

El factor de precios enmascara los volúmenes reales

Es importante entender: el crecimiento estadístico solo refleja parcialmente el aumento físico de los envíos. Los precios de varios productos se dispararon hasta un 700% en medio de la escasez de chips y electrónica. El petróleo caro y el aumento de los precios de los metales preciosos inflaron la valoración monetaria del comercio, mientras que los volúmenes reales crecen de manera mucho más modesta.

Los problemas internos siguen siendo agudos: el PIB creció solo un 4,3% en el segundo trimestre, la cifra más débil desde finales de 2022. Las ventas minoristas en junio aumentaron solo un 1%, y la demanda de los consumidores continúa estancada. La maquinaria exportadora funciona, pero el motor interno claramente requiere una reparación a fondo.

Mi análisis: China se beneficia a corto plazo del auge global de la IA, pero la dependencia de la demanda externa hace que la economía sea vulnerable a la ciclicidad del sector tecnológico. Para un crecimiento sostenible, Pekín necesita reactivar el consumo interno; de lo contrario, los éxitos actuales podrían resultar temporales.