En junio, las inversiones rusas en bonos del gobierno estadounidense se redujeron a $27 millones, lo que supone $2 millones menos en comparación con la cifra de mayo. Esto continúa una tendencia a la baja que, a pesar de las fluctuaciones a corto plazo, se mantiene estable durante los últimos años.

La estructura de la cartera también ha experimentado cambios. Las obligaciones del Tesoro a largo plazo ahora representan $23 millones frente a los $26 millones del mes anterior, mientras que los valores a corto plazo, por el contrario, aumentaron de $3 millones a $4 millones. Esta dinámica indica una redistribución hacia instrumentos más líquidos, lo que podría estar relacionado con la incertidumbre geopolítica y macroeconómica actual.

Contexto histórico y dinámica actual

Recordemos que antes de la caída de junio, el indicador había crecido dos meses consecutivos: en abril era de $26 millones y en marzo de $25 millones. Sin embargo, este crecimiento temporal no cambió el panorama general. Desde 2018, cuando la cartera rusa se desplomó de $96 mil millones a $14,9 mil millones en solo dos meses, el país ha reducido consistentemente su presencia en la deuda estadounidense. El Banco Central de Rusia ha declarado en repetidas ocasiones que no mantiene obligaciones del Tesoro de EE. UU., y las inversiones actuales provienen de inversores privados y participantes institucionales del mercado.

Flujo de capital hacia activos alternativos

El interés de los inversores rusos por instrumentos alternativos es evidente. A finales de julio, en la Bolsa de Moscú, las personas físicas mantenían más de 10,8 toneladas de oro bursátil, y desde principios de año este volumen ha aumentado en casi 2 toneladas. Además, en julio, las personas físicas invirtieron 142,9 mil millones de rublos en valores del mercado de valores, mientras que las compras de acciones crecieron 1,9 veces interanualmente. Esto confirma una tendencia sostenida hacia la diversificación y el alejamiento de los activos en dólares.

Tenedores mundiales: quiénes siguen a la cabeza

En medio de estos cambios, el mayor tenedor de deuda pública estadounidense sigue siendo Japón, con una cartera de $1,16 billones. Reino Unido ocupa el segundo lugar con $939,9 mil millones, y China cierra el podio con $633,4 mil millones. En este contexto, la cartera rusa parece simbólica, y la brecha con los principales acreedores de Washington se mide en cientos de miles de millones de dólares.

Mi opinión: la reducción de las inversiones rusas en bonos del Tesoro no es solo un movimiento táctico, sino una señal estratégica. En un contexto de creciente presión de sanciones y búsqueda de autonomía financiera, los activos en dólares se vuelven cada vez menos atractivos para los inversores locales. El flujo de capital hacia el oro y los instrumentos en rublos es una tendencia a largo plazo que solo se intensificará.