El servicio jurídico de la Cámara de Representantes de EE. UU. (OLC) se ha enfrentado a un nuevo dolor de cabeza: el flujo de borradores de proyectos de ley creados con inteligencia artificial ha aumentado notablemente. Esto está generando una carga significativa para el equipo responsable de la pureza legal de las iniciativas legislativas.
El problema radica en la etapa de revisión. Los documentos generados por redes neuronales adolecen de referencias falsas a normas vigentes, definiciones vagas y formulaciones que distorsionan la intención original del autor. Como resultado, los abogados tienen que dedicar más tiempo a corregir estas "creaciones" que a redactar el texto desde cero. Cada error es un posible retraso en la aprobación de la iniciativa o, peor aún, un motivo para litigios.
La congresista Norma Torres da la voz de alarma: la confianza excesiva en los modelos generativos aumenta el riesgo de que aparezcan textos legalmente incorrectos que no reflejan las intenciones reales del legislador.
"Esta responsabilidad no se puede delegar en un chatbot", subrayó.
Las estadísticas oficiales no permiten evaluar con precisión el alcance de la influencia de la IA en la carga de trabajo de la OLC. En abril de 2025, el jefe del servicio, Warren Burke, vinculó el aumento de solicitudes con la actividad legislativa general y la abundancia de enmiendas. Sin embargo, los expertos de POPVOX ya señalaron en 2024 que los grandes modelos de lenguaje simplificaron la generación de pseudoproyectos de ley, aumentando el flujo de materiales para revisión.
El Congreso no renuncia a la IA
A pesar de estas dificultades, la Cámara de Representantes continúa integrando la tecnología en sus procesos de trabajo. En 2026, el uso de Microsoft Copilot en la cámara baja continuó, y desde febrero se comenzó a capacitar a los empleados en el uso de esta herramienta. Aubrey Wilson, director de innovación gubernamental de POPVOX Foundation, insiste: la IA debe ser un medio auxiliar que potencie el trabajo humano, no un sustituto.
La propia OLC también está explorando el potencial de las redes neuronales. En abril, Burke informó que el servicio, junto con otras estructuras del poder legislativo, está analizando escenarios de aplicación de la IA, evaluando tanto las ventajas como los riesgos.
Esta situación es un claro ejemplo de cómo la IA irrumpe en ámbitos donde la precisión es crítica. Por ahora, la tecnología no puede reemplazar la experiencia jurídica, y los intentos de ahorrar tiempo pueden resultar en costos mucho mayores en el futuro. Es interesante que problemas similares ya han surgido en Australia, donde en un informe para el gobierno se encontraron rastros de alucinaciones de IA con referencias a publicaciones inexistentes. Es evidente que, sin un control estricto, la IA en el ámbito jurídico es una bomba de tiempo.