El regulador ruso tiene la intención de endurecer los requisitos para la producción de microelectrónica destinada a sistemas de inteligencia artificial. Se trata de introducir modificaciones en el decreto gubernamental n.º 719, que define el mecanismo para reconocer la producción como nacional. Este es un paso que podría cambiar radicalmente el equilibrio de fuerzas en el mercado de equipos de alta tecnología.

El organismo, junto con los principales fabricantes de electrónica, está discutiendo la incorporación de nuevas categorías de productos al acto normativo. Bajo las reglas podrían caer los microchips con características de IA, los aceleradores de redes neuronales para el procesamiento automático de información, así como los dispositivos informáticos destinados al análisis automático de datos. Para que un producto obtenga el estatus de nacional, los fabricantes deberán alcanzar un cierto número de puntos por localización.

La esencia de las novedades

Por ahora, el parámetro clave —el umbral mínimo de puntos— sigue siendo objeto de negociaciones entre la industria y los funcionarios. Este indicador determinará cuán profunda debe ser la localización. El propio sistema de evaluación, establecido en el decreto n.º 719, ya funciona: los puntos se otorgan por la proporción de operaciones tecnológicas y el uso de componentes rusos. El resultado total otorga el derecho a incluir el producto en el registro de electrónica nacional, lo que abre el acceso a preferencias en las compras públicas.

La ampliación de la lista con equipos de IA es una señal de que el Estado considera la inteligencia artificial como una dirección estratégica. El mecanismo ya se ha consolidado como una herramienta básica para determinar la «rusidad» de la electrónica, y su adaptación a las nuevas realidades tecnológicas parece un paso lógico.

Contexto global y apuesta por la soberanía

La iniciativa se desarrolla en medio de una demanda mundial sin precedentes de capacidad de cómputo. Las exportaciones chinas crecieron un 23,9% interanual en julio, y los envíos de chips del país se duplicaron con creces en el mes en comparación con el año anterior. Este auge también impulsa los mercados bursátiles: el índice surcoreano KOSPI se ha recuperado más de un 20% desde los mínimos de julio, y los analistas de The Kobeissi Letter registran unos $430 mil millones en flujo de caja libre récord entre los cuatro mayores fabricantes de chips en los últimos 12 meses.

En este contexto, Rusia apuesta por su propia producción. Sin embargo, el éxito de esta estrategia depende directamente de dos factores: la existencia de capacidades productivas reales dentro del país y cuán realista sea el umbral de puntos que establezca el regulador. Requisitos demasiado estrictos podrían ahuyentar a los inversores, mientras que unos laxos convertirían el registro en una formalidad.

Mi opinión: En medio de la carrera global por la computación de IA, donde los gastos de capital de los gigantes alcanzarán, según estimaciones, los $1,8 billones hacia 2026-2027, la iniciativa local parece oportuna, pero extremadamente ambiciosa. Sin acceso a tecnologías litográficas y materiales avanzados, el sistema de puntos podría fomentar solo un «ensamblaje de destornillador», y no una verdadera independencia tecnológica. El indicador clave es si Rusia podrá crear al menos una cadena básica de producción de aceleradores de IA, y no solo cumplir formalmente con los criterios.