Contrariamente a la creencia popular, las stablecoins no se han convertido en una «bala de plata» para las transferencias internacionales. Mi análisis del reciente estudio del Banco de Italia, realizado mediante el método del «cliente misterioso», muestra que el uso de USDC para transacciones transfronterizas no ofrece una ventaja de precio sostenible frente a los canales bancarios clásicos.

Cifras que invitan a la reflexión

El regulador probó transferencias de 200 USDC a través de diez rutas reales que conectan Italia con Argentina, Brasil, Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos y Japón. Los costes finales variaron entre el 0,3% y el 9% del importe, una horquilla que supera por completo el objetivo de referencia de la ONU del 3% para 2030.

Conclusión clave: la propia transferencia en blockchain cuesta una miseria, en promedio un 0,4% de los gastos totales. Los principales costes surgen en los «puntos de entrada» y «salida»: recarga de la cuenta del exchange, conversión de divisas y retiro de fondos al destinatario. Estas etapas siguen controladas por bancos y exchanges, no por la infraestructura descentralizada.

Es reveladora la ruta Emiratos Árabes Unidos — Italia. Debido a la indisponibilidad de la transferencia bancaria, el remitente tuvo que recargar la cuenta con tarjeta de crédito, con una comisión del 3,8%, lo que infló el coste final hasta casi el 9%. Es un claro ejemplo de cómo las limitaciones de infraestructura se comen toda la eficiencia de las stablecoins.

Comparación con Wise y la tradición

Al comparar con la comisión media mundial del Banco Mundial del 6,4%, las stablecoins parecen efectivamente más baratas en todas las rutas excepto en Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, en la batalla contra el servicio Wise, el panorama ya no es tan claro: USDC ganó en precio en tres direcciones y perdió en cuatro. No se puede hablar de una victoria sistémica.

La velocidad de las transacciones tampoco ha supuesto una revolución. Donde funcionan sistemas internos de pagos instantáneos, como el brasileño Pix o el europeo TIPS, los fondos llegan en minutos. En Sudáfrica, en cambio, la transferencia en stablecoins tardó uno o dos días hábiles, exactamente lo mismo que un pago bancario normal.

Mi conclusión: la tecnología sigue parasitando la infraestructura heredada que supuestamente debería reemplazar. La carga regulatoria, incluida MiCA, solo refuerza este efecto, empujando a los usuarios hacia carteras no reguladas.

Como experto, veo aquí no una sentencia para las stablecoins, sino una indicación de un punto de crecimiento. Mientras los emisores y exchanges no resuelvan el problema de la «última milla» —la entrada y salida barata de fiat—, las stablecoins seguirán siendo una herramienta de nicho para criptoentusiastas, no una alternativa masiva a los bancos. Los inversores deberían tenerlo en cuenta al evaluar el potencial a largo plazo de los proyectos orientados a las remesas.