En la industria de la inteligencia artificial se está formando una nueva tendencia: las relaciones financieras entre los gigantes van mucho más allá de simples acuerdos de compraventa. La corporación Google ha obtenido el derecho exclusivo de adquirir hasta 58,97 millones de acciones del fabricante de chips Marvell Technology. Se trata de un warrant, cuyo valor potencial se estima en $12,2 mil millones, lo que convierte esta operación en una de las más significativas en el ámbito de los procesadores especializados para IA.

La opción como herramienta de asociación estratégica

La estructura del acuerdo, revelada en los informes ante la SEC, demuestra un enfoque no convencional para la incentivación. Solo alrededor de 1,36 millones de acciones se desbloquearán de manera uniforme durante el primer año. El resto del volumen se divide en 240 tramos, cada uno de los cuales solo estará disponible después de que las compras de Google generen a Marvell $500 millones adicionales en ingresos. La realización completa del warrant solo es posible al alcanzar un volumen total de ventas de $120 mil millones, una cifra que subraya la magnitud de las ambiciones de ambas partes.

El precio de ejercicio se ha fijado en $206,58 por acción, y el plazo de validez de la opción expira el 18 de agosto de 2033. Con la realización completa del warrant, Google podría entrar en el grupo de los cinco mayores accionistas de Marvell. El mercado reaccionó positivamente a la noticia: las acciones de Marvell subieron, mientras que los títulos de su principal competidor, Broadcom, perdieron más del 5% de su valor.

Reducción de la dependencia de Nvidia

Detrás de este acuerdo se encuentra el objetivo estratégico de Google de reducir su dependencia del proveedor dominante de aceleradores, Nvidia. Sus propios TPU (Tensor Processing Units) han sido durante años la base de la infraestructura de IA de la corporación, pero ahora Marvell no solo se involucra en la fabricación de los propios chips, sino también en la creación de componentes críticos: soluciones de red, controladores de memoria e interfaces para unir miles de aceleradores en clústeres informáticos unificados.

Es importante señalar que los analistas no consideran esta operación como un desplazamiento de Broadcom de la cadena de suministro de Google. Más bien, el hiperescalador está diversificando su base de proveedores en medio del crecimiento explosivo de las necesidades de capacidad informática. Esquemas similares, que combinan garantías de compra con opciones sobre acciones, se están convirtiendo en la nueva norma. Como ejemplo, se puede citar el reciente acuerdo entre AMD y OpenAI, donde el desarrollador de ChatGPT también obtuvo el derecho a una participación en el fabricante de chips.

Ingeniería financiera al borde del riesgo

El entrelazamiento de intereses se vuelve aún más evidente en el caso de Nvidia y OpenAI. Recientemente, Nvidia acordó proporcionar una garantía de $105 mil millones para el centro de datos de OpenAI en Ohio, invirtiendo adicionalmente $1,5 mil millones en la empresa SB Energy, que lleva a cabo este proyecto. Esta estructura crea una cadena inusual: Nvidia prácticamente financia la construcción de infraestructura que luego se convertirá en el mayor comprador de sus propios aceleradores.

Los gastos combinados de las mayores empresas tecnológicas en IA este año superarán los $730 mil millones. En este contexto, Nvidia, junto con los gigantes de inversión Apollo, BlackRock y KKR, está creando plataformas para atraer más de $500 mil millones en capital externo. El propio fabricante de chips está dispuesto a proporcionar garantías por un total de hasta $125 mil millones.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS) ya ha advertido sobre los riesgos macrofinancieros de este tipo de "financiamiento circular", señalando la falta de transparencia en las condiciones y el riesgo de rehipotecación de los mismos activos. La IA se ha transformado definitivamente de una industria de software a una industria intensiva en capital, donde la ventaja competitiva no está determinada por la calidad del modelo, sino por la capacidad de financiar de manera barata la construcción de infraestructura.

Mi comentario: Estamos presenciando un cambio fundamental en la economía de la IA: las empresas ya no solo compran chips, se invierten mutuamente, creando complejas obligaciones cruzadas. Esto acelera la construcción de infraestructura, pero al mismo tiempo sienta riesgos sistémicos: si uno de los participantes de esta red no cumple con sus obligaciones, la reacción en cadena podría afectar a toda la industria. Los inversores deberían seguir de cerca la divulgación de las condiciones de tales acuerdos.