Los reguladores estadounidenses están seriamente preocupados por un nuevo esquema que permite a los desarrolladores chinos de inteligencia artificial utilizar los avanzados chips de Nvidia sin violar formalmente las prohibiciones de exportación. No se trata de contrabando de silicio, sino de un enfoque más sofisticado: el alquiler de capacidad de cómputo en centros de datos en el extranjero.

Físicamente, los servidores con GPU permanecen en el territorio de terceros países, como Malasia o Tailandia. Los ingenieros chinos se conectan a ellos de forma remota y entrenan sus modelos sin problemas, manteniéndose dentro del marco legal, ya que formalmente el equipo no cruza la frontera de la República Popular China.

Mecánica de evasión y primeros ejemplos

Desde 2022, Washington ha ido endureciendo progresivamente las reglas para el suministro de los chips de IA más potentes a China. Sin embargo, las restricciones se centran principalmente en la exportación física. El acceso remoto a los procesadores permaneció durante mucho tiempo fuera del foco de atención, y el empresariado chino se aprovechó de ello.

Según mis datos, en el Sudeste Asiático está creciendo activamente una red de centros de procesamiento de datos orientados al alquiler de capacidad para IA. Entre los clientes de estos servicios se encuentran Alibaba y ByteDance. El esquema parece totalmente legal: un intermediario singapurense alquila capacidad en Malasia, y la empresa china obtiene acceso a través de una compleja cadena corporativa.

El ejemplo de Alibaba y la singapurense Megaspeed es ilustrativo. El acuerdo no se formaliza directamente: en la cadena participa una entidad de las Islas Caimán, cuyo beneficiario final es el gigante chino. Formalmente, todo es legal, pero en esencia es un esquema clásico de evasión de sanciones.

Resonancia política y nuevas iniciativas

El tema cobró nuevo impulso tras el lanzamiento del modelo abierto Kimi K3 de Moonshot AI. En julio, el director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, Michael Kratios, afirmó que la startup había alquilado servidores con Nvidia GB300 en Tailandia, presumiblemente para entrenamiento. No presentó pruebas públicas, pero la señal se envió.

Una historia similar surgió en torno a DeepSeek. En junio de 2025, el Departamento de Estado acusó a la startup de intentar utilizar empresas fantasma en el Sudeste Asiático. Nvidia respondió entonces que DeepSeek había utilizado H800 adquiridos legalmente.

Para cerrar esta laguna, la Cámara de Representantes ya ha aprobado la «Ley de Seguridad del Acceso Remoto». El documento amplía los controles de exportación a los servicios en la nube y al uso remoto de tecnologías. Ahora las restricciones no solo afectarán al suministro físico del chip, sino también a la posibilidad de utilizar su potencia desde China. No obstante, el proyecto de ley aún debe pasar por el Senado.

Mi evaluación de la situación

Nvidia se opone al endurecimiento, señalando con razón las pérdidas financieras. La empresa estimó las pérdidas por la prohibición del H20 en aproximadamente 5.500 millones de dólares, y en enero de 2026 Washington incluso permitió el suministro del H200 a ciertos clientes. Sin embargo, en mi opinión, la lucha administrativa contra el alquiler de capacidad es un juego del gato y el ratón. La tecnología no tiene fronteras, y mientras exista demanda, habrá formas de satisfacerla. La cuestión es cuán dura será la reacción de Washington y si esto conducirá a una ruptura tecnológica definitiva entre Estados Unidos y China.