El proyecto World Liberty Financial (WLFI), estrechamente vinculado a la familia del presidente de Estados Unidos, ha recibido la aprobación preliminar de la OCC (Oficina del Contralor de la Moneda) para crear un banco fiduciario. Este evento es, sin duda, un hito para la industria, pero vuelve a plantear preguntas urgentes sobre los límites entre los negocios y la política.
El proceso de revisión de la solicitud tomó siete meses. Para la aprobación final, la empresa deberá contratar a un auditor externo y mantener el nivel de capital requerido. Es notable que tres inversores de WLFI, incluido uno de los hijos del presidente, ya hayan aceptado limitar voluntariamente su influencia en la gestión del futuro banco, un paso que probablemente busca reducir un poco la intensidad de las críticas.
Llama especialmente la atención la estadística: en los primeros 19 meses del segundo mandato de Trump, el regulador aprobó 22 solicitudes de licencias bancarias. En comparación, esto es más que en los cinco años anteriores combinados. Además, la mayor parte de los nuevos permisos fueron para empresas fintech y firmas que trabajan con activos digitales, incluidos gigantes como Circle y Coinbase.
En la propia WLFI destacan que obtener la carta federal no es una forma de evadir la supervisión, sino todo lo contrario: pasar bajo el control permanente de la OCC. Según ellos, el futuro banco mantendrá reservas que respalden la stablecoin USD1, lo que reforzará la transparencia regulatoria del proyecto y ampliará su uso.
Sin embargo, los demócratas y los críticos del presidente ven en esto una señal alarmante. En su interpretación, la "moneda estable" podría convertirse en una herramienta para ganarse el favor de la Casa Blanca en medio del enfoque cada vez más flexible de los reguladores hacia la industria cripto. El investigador principal del Instituto Brookings, Aaron Klein, expresó su preocupación: "Crear en la gente la ilusión de que las stablecoins están respaldadas por el Estado genera inquietudes reales".
El representante de la empresa, David Waxman, replica: el proyecto sigue obligado a cumplir con los requisitos contra el lavado de dinero y de protección al consumidor, y los informes semanales sobre las reservas de USD1 serán sometidos a una verificación independiente. Recordemos que encuestas recientes muestran que el 63% de los estadounidenses considera inapropiados los ingresos de Trump provenientes de criptomonedas.
Mi análisis: La situación con WLFI es un caso clásico que demuestra cómo la claridad regulatoria en Estados Unidos se convierte en un campo de batalla por la confianza. Por un lado, la aceleración en la emisión de licencias es una señal positiva para el mercado, que muestra la madurez de la industria. Por otro, incluso una insinuación de conflicto de intereses en el más alto nivel puede socavar la confianza en las stablecoins, que ya es frágil. La cuestión no es si esto es legal, sino cuán ética y sostenible es esta situación a largo plazo.