El caso contra Telegram en Francia ha alcanzado el hito de dos años, y el fundador de la mensajería, Pável Dúrov, vuelve a estar en el centro de atención. En esta ocasión, acusa abiertamente a las autoridades de intentar castigar a la plataforma por negarse a cumplir con exigencias que él considera censura. La investigación penal, iniciada en agosto de 2024, aún no ha concluido y, según Dúrov, los datos recopilados durante este tiempo socavan cada vez más la posición de la acusación.

Recordemos que hace dos años, Dúrov fue detenido por la policía de París durante tres días, el plazo máximo permitido antes de presentar cargos. Fue un paso sin precedentes: por primera vez, el director de una gran plataforma fue acusado de delitos cometidos por sus usuarios. Más tarde, la medida cautelar se suavizó y, en noviembre de 2025, se le levantó la prohibición de salir del país, aunque la investigación continúa. La fiscalía está examinando si Telegram facilitó acciones ilícitas y si coopera de manera suficientemente activa con las autoridades.

¿Presión sistemática o lucha por la libertad de expresión?

Dúrov afirma que en dos años se han recopilado suficientes pruebas de su buena fe. Subraya que la moderación y la cooperación con las autoridades en Telegram no son inferiores, y posiblemente superiores, a las de sus competidores. Además, menciona un escenario recurrente: funcionarios de diferentes países le pedían informalmente favores políticos, desde prohibiciones de publicaciones hasta vigilancia, y tras su negativa lanzaban campañas en medios locales y organizaciones de derechos humanos. Ha registrado solicitudes similares tanto en Rumanía como en Moldavia.

Para respaldar su postura, Dúrov cita estadísticas: en un año, Telegram bloqueó 23,6 millones de grupos y canales, de los cuales 370 777 estaban relacionados con explotación infantil y 164 099 con contenido terrorista. También señala un doble rasero, recordando el reciente escándalo en el que se encontraron en la biblioteca publicitaria de Meta más de 50 anuncios pagados con contenido generado por IA que incluía explotación infantil.

Es interesante que dentro de Francia también crece la resistencia. El Consejo Constitucional ya anuló la prohibición de usar redes sociales para menores de 15 años, citando la libertad de expresión. Esto podría sentar un precedente que debilite la posición de la acusación. El propio Dúrov ha presentado acusaciones similares contra Rusia, donde se abrió un caso en su contra por cargos de terrorismo.

Mi análisis: La situación parece un conflicto clásico entre la regulación nacional y una plataforma global. Si la justicia francesa no puede presentar pruebas contundentes, el caso corre el riesgo de prolongarse durante años o terminar en un cierre silencioso. Sin embargo, para el mercado de criptomonedas, este proceso sigue siendo un indicador importante: el token Gram (antes Toncoin), vinculado a Telegram, reaccionó a las noticias con una caída de aproximadamente un 3%, hasta los 1,47 dólares. Los inversores deberían seguir de cerca la evolución de los acontecimientos, ya que cualquier veredicto podría afectar seriamente la percepción del proyecto en su conjunto.