El mercado bursátil ruso atraviesa un período difícil, y el ánimo de los participantes en las operaciones dista de ser optimista. La directora del departamento de intermediarios financieros de inversión del Banco de Rusia, Olga Shishlyannikova, en una reciente entrevista ofreció una caracterización detallada de la situación actual, disipando el mito de que la bolsa se ha convertido en una especie de casino.

El pesimismo de los inversores tiene fundamentos muy concretos. En primer lugar, se encuentra la situación geopolítica extremadamente tensa, que sigue ejerciendo presión sobre las cotizaciones. El segundo factor relevante son los riesgos inflacionarios persistentes en la economía. Sin embargo, además de la macroeconomía, también influyen en la dinámica aspectos técnicos, como los huecos de dividendos, cuando un valor se abarata tras la fecha de corte por el importe de los pagos.

Merece especial atención el efecto del cierre forzoso de posiciones de inversores minoristas que utilizan apalancamiento. Cuando los precios caen, estas posiciones pueden liquidarse automáticamente, lo que intensifica temporalmente el descenso. Es un factor técnico, pero extremadamente doloroso para el mercado.

Las razones económicas también contribuyen. El mercado ruso está cerrado a la inversión extranjera, lo que obliga a las empresas a aumentar su deuda, pero no todas logran gestionar su servicio. Algunos emisores incurren en impagos, aunque se trata de compañías alejadas del primer escalón. La materialización de una serie de "cisnes negros" en los últimos años —desde el bloqueo de activos hasta las sanciones— fue realmente difícil de prever, pero esto no hace que el mercado sea caótico.

En qué se diferencia de la ruleta

Contrariamente a la opinión generalizada, Shishlyannikova subraya: el casino es una sucesión de casualidades sin relación causa-efecto. La bolsa, en cambio, obedece a patrones que pueden analizarse y calcularse. Cuanto mayor es la rentabilidad prometida, mayores son los riesgos para el inversor. Quien sigue de cerca la economía y los negocios es perfectamente capaz de prever la evolución de los acontecimientos. Una evaluación cuidadosa de los riesgos ayuda a minimizar las pérdidas en períodos de alta volatilidad.

La IA no reemplazará al ser humano

La moda de la inteligencia artificial ha llegado también a las finanzas, pero las conversaciones sobre la sustitución total del ser humano son prematuras. En su momento, el comercio algorítmico también prometió una revolución, pero la bolsa sigue sin poder prescindir de las personas. Shishlyannikova reconoce que el futuro pertenece a la IA, y que en el ámbito financiero ocupará un lugar destacado. La cuestión es si los participantes del mercado están dispuestos a confiar plenamente en la tecnología. Citando el ejemplo de un asistente de voz que no logró resolver una simple tarea doméstica, ilustra: los modelos de IA se equivocan con demasiada frecuencia y generan respuestas inventadas, por lo que por ahora se teme confiarles el dinero.

Aproximadamente dos tercios de las organizaciones financieras ya utilizan o planean implementar la IA, pero los resultados deben verificarse manualmente. El Banco de Rusia ha elaborado un código de ética para los participantes del mercado con el fin de garantizar la seguridad en el uso de las tecnologías y la protección de los datos. La IA aumenta la productividad mediante operaciones rutinarias, pero por ahora no libera al ser humano del trabajo intelectual.

Mi opinión: Es revelador que el regulador apueste por el análisis fundamental en un contexto en el que el mercado se tambalea por los shocks externos. Para la industria de las criptomonedas, esta es una buena lección: incluso en las condiciones más turbulentas, sobreviven quienes construyen estrategias basadas en datos, no en emociones. La IA se convertirá en una poderosa herramienta para el analista, pero la decisión final siempre recaerá en el ser humano, especialmente cuando se trata de dinero.