El mercado bursátil ruso atraviesa tiempos no precisamente brillantes, y el ánimo de los participantes en las operaciones deja mucho que desear. Sin embargo, calificar lo que ocurre como caos o un juego sin reglas significa no comprender los procesos profundos. He analizado la situación actual y estoy listo para compartir conclusiones que explican por qué el pánico no es el mejor consejero, y el mercado no es una ruleta.

La raíz de las inquietudes: geopolítica e inflación

Los principales factores de presión sobre las cotizaciones son evidentes. En primer lugar, está la situación geopolítica extremadamente tensa, que no ha desaparecido y sigue afectando el apetito por el riesgo. En segundo lugar, los riesgos inflacionarios en la economía siguen siendo altos, lo que obliga a los inversores a revisar sus carteras y buscar activos más defensivos.

Pero también hay matices técnicos que agravan la situación. Se trata del llamado hueco de dividendo, cuando los títulos se abaratan tras la fecha de corte por el monto de los pagos. Es un proceso natural que los jugadores experimentados incorporan en sus cálculos. Además, la presión se ve incrementada por los cierres forzosos de posiciones de inversores minoristas que operan con apalancamiento. Ante una caída brusca de los precios, estas posiciones se liquidan automáticamente, lo que intensifica temporalmente el descenso.

Economía vs. casino

Se escuchan comparaciones del mercado bursátil con un casino, pero es una visión superficial. En un casino todo lo decide el azar: la apuesta, la rueda, la bola. El mercado, en cambio, obedece a patrones que pueden analizarse y calcularse. Cuanto mayor es la rentabilidad potencial, mayor es el riesgo: es un axioma, pero no convierte la negociación en un juego de azar.

Sí, en los últimos años hemos visto una serie de "cisnes negros", desde el bloqueo de activos hasta los shocks sancionatorios difíciles de predecir. Pero la mayoría de los eventos en el mercado son lógicos y predecibles. Quien sigue de cerca la economía y los informes de las empresas puede pronosticar la evolución de los acontecimientos y minimizar pérdidas en períodos de alta volatilidad.

La IA no reemplazará al analista

Un tema aparte es la moda de la inteligencia artificial en las finanzas. Muchos temen que los algoritmos desplacen por completo al ser humano de la bolsa, pero estos miedos son prematuros. La IA ocupará sin duda un lugar destacado en el ámbito financiero, pero la cuestión es si los participantes del mercado están listos para confiarle completamente su dinero.

Mi experiencia con asistentes de IA muestra sus limitaciones. A menudo se equivocan y ofrecen respuestas inventadas incluso en tareas cotidianas simples. Alrededor de dos tercios de las organizaciones financieras ya usan IA o planean hacerlo, pero los resultados aún deben verificarse manualmente. El banco central ha elaborado un código de ética para los participantes del mercado, con el fin de garantizar la seguridad en el uso de las tecnologías. La IA aumenta la productividad mediante operaciones rutinarias, pero no libera al ser humano del trabajo intelectual.

Mi conclusión: la nerviosismo actual no es señal de colapso, sino una llamada a reevaluar las estrategias. El mercado está vivo, respira y se corrige. Para el inversor que comprende los impulsores fundamentales y no se deja llevar por las emociones, estos períodos ofrecen oportunidades, no pérdidas. Lo principal es recordar que la disciplina y el análisis siempre vencen a la intuición y al pánico.