En la Duma Estatal se está gestando un grave conflicto en torno a la regulación del sistema financiero. El líder de la facción «Rusia Justa», Serguéi Mirónov, ha propuesto revisar radicalmente las funciones del Banco de Rusia, lo que a largo plazo podría afectar también al emergente mercado de activos digitales.
La esencia de la iniciativa y las razones del descontento
Mirónov insiste en dividir las competencias del megaregulador siguiendo el modelo de varios países occidentales, donde los bancos centrales emisores solo responden por la estabilidad del sistema financiero, mientras que estructuras separadas se encargan del ámbito crediticio. En su opinión, el modelo actual no funciona: el Banco Central no garantiza la accesibilidad de los créditos ni reduce la carga de deuda de los ciudadanos, sino que solo acumula contradicciones.
El motivo de la crítica es la brecha entre la tasa clave y el costo real de los préstamos. Por un lado, el regulador ha ido suavizando su política de manera constante desde junio de 2025: el 24 de julio la tasa se redujo al 14% anual, siendo ya la décima bajada consecutiva. Por otro lado, el costo total de los créditos al consumo se acercó al 30% anual en agosto, y las tasas de los microcréditos siguen aumentando. Mirónov estima los sobreingresos de los bancos en 3,5–3,8 billones de rublos de beneficio neto, que obtienen gracias al mantenimiento de altos márgenes.
Qué supone esto para la industria de las criptomonedas
La iniciativa no menciona directamente las monedas digitales, pero los riesgos para el sector son evidentes. Precisamente el Banco de Rusia se ha convertido en el regulador clave del mercado cripto: lleva los registros de casas de cambio y depositarios digitales, y determina la rigurosidad de las reglas para los participantes. La ley «Sobre monedas digitales» solo establece el marco, pero la base normativa real se crea mediante actos sublegales del Banco Central.
En los últimos meses, el regulador ha construido a su medida toda la estructura de la circulación legal. A finales de julio, el Banco Central publicó el proyecto de reglas para el comercio de criptomonedas con margen, permitiendo operaciones con apalancamiento para inversores cualificados y no cualificados. Después siguió un límite de 300 000 rublos al año para los novatos en cada intermediario, y el vicepresidente del Banco Central, Mijaíl Mamuta, prometió sancionar a las organizaciones financieras por misselling: vender un producto bajo la apariencia de otro y ocultar los riesgos.
Los expertos del sector señalan que es el Banco Central quien determina la rigurosidad del modelo, no el legislador. El director ejecutivo de RAKIB, Aleksandr Brazhnikov, considera que el umbral de 300 000 rublos es el rasgo más singular del enfoque ruso: excluye al comercio minorista y configura un mercado legal para unos pocos elegidos: el gran capital y los participantes cualificados sin límites de importe.
Mi opinión sobre la situación
Por ahora, la iniciativa de Mirónov es una declaración política, pero el simple hecho de que exista un debate sobre las competencias del regulador es sumamente revelador. La base normativa sublegal del mercado cripto apenas se está formando, y cualquier redistribución de funciones entre organismos podría congelar este proceso durante meses. Si la supervisión de los activos digitales pasara del Banco Central a una nueva estructura, los participantes del mercado tendrían que adaptarse a reglas de juego completamente distintas, lo que inevitablemente aumentaría la incertidumbre para bolsas, casas de cambio e inversores.