El Banco de Rusia ha presentado una versión actualizada de las Direcciones Principales de la Política Monetaria, y este documento es una verdadera mina de oro para entender cómo el regulador ve los próximos cuatro años. La señal clave: ante cualquier evolución de los acontecimientos, ya sea en la economía rusa o en la mundial, la política monetaria estará orientada a mantener la estabilidad de precios. Además, el efecto de los cambios en la tasa clave, según la evaluación del Banco Central, no se manifiesta de inmediato, sino con un desfase de 3 a 6 trimestres. Este es un matiz importante para todos aquellos que intentan adivinar la trayectoria de la tasa tras cada reunión.

Por separado, cabe destacar una innovación técnica pero significativa: a partir de ahora, las decisiones sobre la tasa entrarán en vigor no desde el lunes, sino desde el miércoles siguiente a la reunión del consejo de administración. Las reuniones en sí, como antes, se llevarán a cabo los viernes. Es un detalle menor, pero habla del esfuerzo del regulador por lograr una mayor previsibilidad y suavizar las reacciones del mercado.

Cuatro escenarios: desde un aterrizaje suave hasta una tormenta severa

El regulador tradicionalmente propone no uno, sino cuatro escenarios de evolución, y la brecha entre ellos es colosal.

Escenario base supone una reducción gradual de la tasa desde los niveles actuales: hasta el 14,5–14,6% en 2026, el 10,5–12,5% en 2027 y el 8–9% para 2028. La inflación, mientras tanto, debería desacelerarse hasta el 6–7% el próximo año y alcanzar el objetivo del 4% para 2027. Se espera que el crecimiento del PIB se sitúe en el rango del 0–1% en 2026, con una posterior aceleración hasta el 1,5–2,5%.

Escenario de desinflación — es más optimista para los prestatarios. La tasa en 2027 podría bajar hasta el 9–11%, y la inflación, hasta el 3–4% ya en 2027. Sin embargo, aquí hay un matiz: un enfriamiento más rápido de los precios podría ir acompañado de un crecimiento económico menos sólido.

Escenario proinflacionario — esto ya es una señal de alerta. Aquí, la tasa en 2027 se mantiene en el rango del 13–15%, y la inflación no tiene prisa por volver al objetivo, quedándose en el nivel del 4,5–5,5% en 2027. Es un escenario en el que el regulador tendrá que mantener condiciones restrictivas durante más tiempo.

Finalmente, el escenario de riesgo — es el más sombrío. En él, el Banco Central admite un aumento de la tasa hasta el 19–21% en 2027, una inflación del 11–13% e incluso una recesión: una caída del PIB del 3–4% en 2027. Es una prueba de estrés en caso de graves shocks externos o internos y, afortunadamente, no es el escenario base.

Impulso presupuestario y efectivo: nuevos factores de presión

Por separado, el Banco Central señala que la política presupuestaria seguirá siendo un factor clave que influye en la economía, y su impulso en los próximos años será más fuerte de lo que se suponía anteriormente. Esto significa que, para compensar la demanda estatal con recursos limitados, se necesitará una dinámica más contenida de otros componentes de la demanda interna. En pocas palabras, el margen para suavizar la política es menor de lo que se desearía.

También es curiosa la dinámica del efectivo: su volumen en circulación en el primer semestre de 2026 resultó ser mayor que en los períodos equivalentes de 2024–2025. El regulador lo atribuye a la reducción de las tasas de los depósitos y al deseo de los ciudadanos de tener dinero "en mano" en caso de interrupciones en los pagos no en efectivo. El Banco Central considera este proceso natural y no ve en él una contradicción con la tendencia a largo plazo de reducir la proporción de efectivo.

Mi opinión: la publicación de estos escenarios no es solo una formalidad. El mercado ha recibido una señal clara: el Banco Central está preparado para cualquier giro, pero su principal prioridad no es el crecimiento, sino el control de la inflación. Incluso en el escenario base, la tasa se mantendrá por encima del 10% hasta el final de la década, lo que ejercerá presión sobre el mercado de valores y el mercado crediticio. Los inversores deberían incorporar en sus modelos precisamente el escenario base, pero tener en mente el de riesgo, como un seguro contra un cisne negro.