El 1 de septiembre, Luke Dashjr, un conocido desarrollador y defensor de cambios radicales en Bitcoin, lanzó su propio hard fork con el ambicioso objetivo de devolver la minería a las computadoras comunes. Sin embargo, las ambiciones se estrellaron contra la dura realidad: la red basada en el algoritmo BLAKE2b, destinada a reemplazar SHA-256, recibió solo una fracción simbólica de la potencia computacional, y los exchanges y mineros prácticamente ignoraron el evento.

La esencia del conflicto y el fracaso inevitable

En el centro de la iniciativa de Dashjr estaba la propuesta BIP-110, que preveía eliminar de los bloques de Bitcoin todos los datos no relacionados con pagos. El propio Dashjr llama a la red principal «Spamcoin», pero la gran mayoría de los participantes del mercado consideró la división de la red del 1 de septiembre como un gesto vacío. Este no es el primer experimento de este tipo: ya en agosto, la rama con BIP-110 existió solo dos bloques, tras lo cual los mineros del pool OCEAN, sin pedir consentimiento explícito, redirigieron su potencia de vuelta a la cadena principal.

El error clave fue el cambio del algoritmo de hash. La transición a BLAKE2b automáticamente «desconectó» a Luke Dashjr del equipo industrial sobre el que se sostiene toda la economía de la minería de Bitcoin. Los dispositivos ASIC especializados, optimizados para SHA-256, resultaron inútiles para la nueva red. El resultado no se hizo esperar: el hashrate del fork colapsó casi inmediatamente después del lanzamiento.

Reacción de la comunidad y realidades del mercado

El CEO de Blockstream, Adam Back, resumió lo ocurrido de manera lacónica y contundente: «Vives por el fork, mueres por el fork». El propio Dashjr, sin embargo, sigue insistiendo en que su cadena secundaria es el «verdadero Bitcoin». En sus declaraciones afirma que el ticker BTC perteneció a la red original durante más de diez años, y que ahora Bitcoin «ha pasado» a BLAKE2b. Los datos de la red dicen lo contrario: ya había expresado estas tesis en agosto a través de su proyecto Bitcoin Knots, y entonces el exdirector técnico de Ripple, David Schwartz, las calificó de tonterías.

El mercado tampoco mostró el más mínimo interés. La red principal funcionó sin contratiempos, y BTC se negociaba cerca de los $76,900. Ningún exchange importante añadió la nueva moneda a su listado. Solo una pequeña plataforma de pruebas abrió la recepción de solicitudes bajo el ticker BTCB2 — la nueva red aún no tiene designación oficial. Es revelador que las solicitudes de compra de BTCB2 no superaran los $82, casi 900 veces menos que el precio de Bitcoin. La orden de venta más barata se fijó en $190, y un spread del 131.7% evidencia elocuentemente la ausencia de comercio real.

Mi conclusión: Este episodio demuestra una vez más que cualquier intento de cambiar por la fuerza el consenso de Bitcoin sin el apoyo de mineros y exchanges está condenado al fracaso. La red de Bitcoin no es código, sino un consenso socioeconómico complejo, e ignorar los intereses de los actores clave del mercado convierte a cualquier hard fork en un proyecto muerto de antemano.