Un tribunal federal de Estados Unidos emitió una decisión que marcará un hito importante en la práctica antimonopolio de los últimos años. La jueza Leonie Brinkema rechazó la exigencia del Departamento de Justicia de vender forzosamente la bolsa de publicidad AdX, propiedad de Google. Esto significa que los planes para dividir el negocio del gigante tecnológico, impulsados activamente por los reguladores, han fracasado oficialmente. El mercado reaccionó al instante: las acciones de Alphabet subieron, ya que los inversores interpretaron el veredicto como la eliminación de uno de los principales riesgos a largo plazo para la empresa.
El fondo de la disputa y la posición de las partes
El litigio se prolongaba desde 2023, cuando el Departamento de Justicia de EE. UU. y varios estados acusaron a Google de monopolizar ilegalmente el mercado de tecnologías para publicidad en línea. Según la acusación, la empresa vinculaba artificialmente a los editores con su bolsa AdX, cobrando una comisión del 20% por cada transacción, lo que perjudicaba a los competidores y a los usuarios finales de la internet abierta.
En abril de 2025, la jueza Brinkema se puso del lado de la acusación en la cuestión fundamental sobre la violación de la legislación antimonopolio. Sin embargo, al llegar al momento de elegir la medida punitiva, el tribunal mostró moderación. En lugar de una división radical de activos, la jueza ordenó ajustar el funcionamiento de los servicios publicitarios de Google, en particular, otorgar a los competidores un acceso más amplio a los datos sobre las ofertas en las subastas. Google misma sostuvo de manera consistente que la venta de AdX es técnicamente compleja y afectaría los intereses de los clientes.
Contexto: una serie de derrotas de los reguladores
Esta es ya la tercera gran derrota de las autoridades estadounidenses en sus intentos de dividir forzosamente a los gigantes tecnológicos. Anteriormente, los tribunales permitieron que Google conservara el control del navegador Chrome, y que Meta (declarada organización extremista en la Federación de Rusia) mantuviera Instagram y WhatsApp. Es revelador que AdX genere relativamente poco para Alphabet: con una capitalización total de la empresa de 4,08 billones de dólares, este servicio en 2020 solo aportó el 4,1% de los ingresos y el 1,5% del beneficio operativo.
No obstante, aún es pronto para relajarse. A Google le esperan nuevos desafíos: la presión de los reguladores europeos, posiciones débiles en el ámbito de la inteligencia artificial y los crecientes gastos en desarrollo de IA, que preocupan cada vez más a los accionistas.
Mi opinión: esta decisión confirma que, incluso en un contexto de creciente presión antimonopolio, los tribunales de EE. UU. son extremadamente reacios a adoptar medidas tan radicales como la división de un negocio. Para el mercado, es una señal de que los riesgos regulatorios para las grandes plataformas suelen estar sobrevalorados. Sin embargo, a largo plazo, el factor mucho más relevante para Alphabet no será el resultado de los litigios, sino la capacidad de la empresa para competir en la carrera de la IA, donde sus posiciones por ahora parecen vulnerables.