La jueza federal Leonie Brinkema emitió un veredicto que se ha convertido en un hito para todo el sector tecnológico de EE. UU.: la exigencia del Departamento de Justicia de vender forzosamente la bolsa publicitaria AdX ha sido rechazada. Esta decisión cierra efectivamente la cuestión de la división forzosa del negocio de Google, lo que se reflejó de inmediato en las cotizaciones de Alphabet: las acciones de la compañía subieron.

La esencia de las quejas del regulador era que Google supuestamente monopolizó ilegalmente el mercado de publicidad en línea, vinculando forzosamente a los editores a su propia bolsa AdX y cobrando una comisión del 20% por cada transacción. El Departamento de Justicia insistía en que la única medicina efectiva contra este monopolio sería precisamente la venta de ese activo clave.

Sin embargo, el tribunal llegó a una conclusión diferente. En lugar de un desmantelamiento radical del negocio, la jueza Brinkema ordenó ajustar el funcionamiento de los servicios publicitarios de Google, en particular, garantizar a los competidores un acceso más amplio a los datos sobre las ofertas en las subastas. Esta es una opción más suave que preserva la integridad de la compañía, pero la obliga a ser más transparente.

Es notable que esta sea ya la tercera derrota consecutiva de las autoridades estadounidenses en sus intentos de dividir a los gigantes tecnológicos. Anteriormente, los tribunales permitieron que Google conservara el navegador Chrome, y que Meta (reconocida como organización extremista en la Federación de Rusia) mantuviera sus activos clave, Instagram y WhatsApp. La tendencia es evidente: el sistema judicial de EE. UU. es extremadamente escéptico respecto a la reestructuración forzosa de las corporaciones tecnológicas.

Cabe señalar que para Alphabet, la división publicitaria Ad Manager no es una fuente crítica de ingresos. Con una capitalización total de la compañía de 4,08 billones de dólares, este servicio en 2020 generaba solo el 4,1% de los ingresos y el 1,5% del beneficio operativo. No obstante, todo el ecosistema de la publicidad digital se construía precisamente en torno a él, y su pérdida podría haber tenido un efecto en cascada.

Sin embargo, no es momento de relajarse. Google aún tiene asuntos pendientes con los reguladores europeos, su posición en el ámbito de la inteligencia artificial parece por ahora inestable, y los crecientes gastos de Alphabet en IA preocupan cada vez más a los inversores. La decisión del tribunal es una victoria incondicional, pero la batalla por el futuro de la compañía continúa en otros frentes.

Mi comentario: Este precedente fortalece las posiciones de las grandes corporaciones tecnológicas y demuestra que incluso una retórica antimonopolio tan agresiva no siempre conduce a cambios estructurales reales. Para la industria de las criptomonedas, esta también es una señal importante: la regulación en EE. UU., pese a toda su severidad, sigue siendo predecible y no propensa a decisiones destructivas, lo que a largo plazo resulta positivo para todos los activos digitales.