Un avance clave en la criptografía histórica: el nuevo modelo Claude Fable 5.1 de Anthropic ha logrado descifrar el famoso criptograma Cyphral Distich, creado por el escritor escocés Thomas Urquhart en 1653. Este acertijo permaneció sin resolver durante más de tres siglos y medio y figuraba entre los 50 cifrados sin descifrar más conocidos del mundo.

La clave está en la estructura del propio libro

El criptograma consiste en dos líneas de 32 números, impresas al final del tratado Logopandecteision. Investigadores anteriores aplicaron sin éxito análisis de frecuencias y diversos métodos de sustitución, suponiendo que la clave debía buscarse fuera del texto. Sin embargo, Fable 5.1 se centró en un enfoque fundamentalmente distinto: los números remiten a las 32 «procuritaciones», los deseos numerados del autor impresos anteriormente en el mismo libro.

El algoritmo de descifrado resultó ser elegantemente simple: el i-ésimo número de la línea señala la i-ésima procuritación, y su valor determina el número de orden de la palabra en ella. Al reunir las primeras letras de esas palabras, el modelo obtuvo un dístico en apoyo al rey Carlos II: «Dios, protege al rey Carlos Segundo y hazlo soberano supremo de esta tierra». El resultado coincide plenamente con las opiniones políticas de Urquhart, un firme partidario de la dinastía Estuardo.

El segundo criptograma y las dudas de los escépticos

Con el mismo método, el modelo descifró también el más complejo Cyphral Octastich, una octava de 285 números oculta en otro tratado de Urquhart. Aquí los números remitían a las páginas del libro, aunque nueve letras de la quinta línea quedaron sin descifrar debido a la ausencia de la página necesaria en las copias digitalizadas.

También es notable la metodología del experimento: el modelo trabajó de forma autónoma durante 44 minutos, consumiendo 176 000 tokens y prácticamente sin indicaciones del operador. El autor del estudio, Geby Jaff, destaca que Fable 5.1 mostró una capacidad única para elegir una tarea abordable entre múltiples problemas sin resolver y para no rendirse tras los primeros fracasos, una cualidad que faltaba en otros LLM avanzados.

Sin embargo, la comunidad científica recibió el resultado con opiniones divididas. Especialistas independientes de Reticuli Labs impugnaron el descifrado, señalando diez discrepancias posicionales: en las procuritaciones correspondientes faltan palabras que comiencen con las letras requeridas. Su propio análisis de 65 variantes de conteo arrojó solo ocho coincidencias de 64 letras, lo que corresponde a un nivel de aleatoriedad. Además, los críticos señalan que en la primera edición impresa de 1653 no aparecen líneas numéricas, y ambos criptogramas solo se conocen por la biografía de Urquhart publicada en 1899.

Mi evaluación experta: Esta situación demuestra la naturaleza dual de los descubrimientos con IA. Por un lado, la capacidad del modelo para pensar de manera no convencional es impresionante. Por otro, la falta de un resultado reproducible y las discrepancias en las fuentes nos recuerdan que incluso las soluciones más elegantes requieren una verificación rigurosa. En el mundo de la criptografía, como en el de los activos digitales, la confianza se construye sobre pruebas, no sobre declaraciones grandiosas.