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16.06.2026
11:23

El acuerdo de Trump con Irán: por qué el nuevo memorándum es radicalmente diferente al pacto nuclear de Obama

Donald Trump ha firmado un acuerdo con Irán que detiene el conflicto militar de casi cuatro meses y reabre el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el nuevo documento no es una simple copia del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015. Se trata de un enfoque fundamentalmente diferente, basado en la presión, no en el compromiso.

Dos mundos, dos filosofías

El JCPOA, firmado por la administración de Barack Obama, era un acuerdo multilateral que unía a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia, China y la UE. A cambio de restricciones verificables al programa nuclear iraní, Teherán recibía un levantamiento parcial de las sanciones. Era una estrategia de contención diseñada para durar décadas.

Trump eligió el camino opuesto. Abandonó el JCPOA en 2018, impuso un régimen de máxima presión y regresó a las negociaciones solo después de una serie de ataques militares contra Irán. La principal diferencia radica en la secuencia: Obama comenzó con la diplomacia, Trump con un ultimátum económico y militar.

Plazos y alcance: de 159 páginas a un memorando rápido

El JCPOA constaba de unas 159 páginas y se desarrolló durante casi dos años. El nuevo acuerdo de Trump es un memorando marco, acordado de forma remota con la mediación de Catar y Pakistán. La ceremonia de firma está prevista en Ginebra, mientras que por ahora se ha establecido un alto el fuego de 60 días, y la discusión sobre el programa nuclear se ha pospuesto para la siguiente etapa.

Los críticos del antiguo acuerdo argumentaban que solo retrasaba lo inevitable. El nuevo enfoque de Trump es un intento de romper el círculo vicioso, utilizando plazos estrictos pero temporales para lograr resultados concretos.

La cuestión del enriquecimiento: una línea roja para Teherán

El JCPOA permitía a Irán enriquecer uranio en su territorio hasta el 3,67% durante 15 años, con un límite de 5,060 centrifugadoras y un stock máximo de 300 kg. Esto aumentaba el tiempo necesario para fabricar un arma nuclear de unos meses a un año. Sin embargo, después de 10 años, las restricciones sobre las centrifugadoras comenzaban a eliminarse, y después de 15, las condiciones sobre el enriquecimiento se debilitaban.

Trump optó por el endurecimiento. Su equipo buscó una prohibición total o restricciones severas al enriquecimiento de uranio en Irán, insistiendo en plazos más largos. Tras la salida de Estados Unidos del acuerdo en 2018, los límites dejaron de aplicarse, y para mayo de 2025, el OIEA registró existencias de más de 400 kg de uranio enriquecido al 60%, un nivel cercano al de uso armamentístico.

Hoy, Irán es el único país sin estatus nuclear que realiza enriquecimiento a este nivel. El nuevo memorando de 2026 aún no ha resuelto el destino de estas existencias, pero en las próximas semanas quedará claro qué hará Teherán con ellas.

Sanciones: de la liberación al levantamiento gradual

La administración de Obama abrió rápidamente a Irán el acceso a los beneficios del acuerdo: liberó activos y permitió la exportación de petróleo. El Tesoro de EE. UU. estimó que Teherán podría haber recibido unos 50 mil millones de dólares. El equipo de Trump implementó un mecanismo gradual y reversible para levantar las restricciones. Los medios iraníes mencionaron 24 mil millones de dólares en fondos congelados, pero el vicepresidente Vance desmintió esta cifra, subrayando que no aparece en el texto oficial. El dinero se transferirá solo después de que se cumplan las condiciones del acuerdo.

Además, en el nuevo esquema se suspenden las sanciones a la exportación de petróleo y petroquímicos iraníes, pero los países europeos han dejado claro que levantarán las restricciones solo después de que Teherán confirme el cumplimiento de los acuerdos. Esta es una diferencia fundamental con el JCPOA, donde las sanciones se levantaban por adelantado.

Marcos y palancas de presión

El JCPOA se refería exclusivamente al programa nuclear. Las cuestiones de los misiles balísticos y el apoyo a los aliados regionales, como Hezbolá, no se consideraban allí. Trump exige que las nuevas condiciones también cubran este ámbito. Su memorando vincula el progreso con la desbloqueo del estrecho de Ormuz y la seguridad general de la región.

Las diferencias son evidentes: Obama apostó por un compromiso multilateral, Trump por la presión unilateral y condiciones más estrictas y a largo plazo. Los partidarios del antiguo acuerdo advierten que la presión podría tener el efecto contrario, recordando que fue precisamente después de la salida de EE. UU. en 2018 cuando el programa iraní se desarrolló más rápidamente.

Como analista, veo en el enfoque de Trump un intento de corregir las deficiencias estructurales del JCPOA, pero el riesgo aquí es colosal. Si la presión no lleva a la rendición de Teherán en los puntos clave, podríamos no solo presenciar la reanudación del conflicto, sino su escalada a un nivel que haga imposible la diplomacia. Los próximos 60 días mostrarán si la "mano dura" funciona donde la "mano blanda" fracasó.