Bitcoin ignora los vaivenes del petróleo: las estadísticas de cinco años desmienten el mito de la relación entre los activos
El mercado energético está experimentando una fuerte sacudida: el crudo de referencia Brent se desplomó casi un 9% la semana pasada, perforando por primera vez en mucho tiempo la marca de los 80 dólares por barril. El estadounidense WTI se afianzó en torno a los 70 dólares. Sin embargo, la principal criptomoneda reaccionó a este desplome con una pasmosa indiferencia, cayendo solo un 1%. Esta divergencia pone en duda la arraigada opinión sobre la sólida relación entre el "oro negro" y el "oro digital".
Muchos participantes del mercado están acostumbrados a percibir el abaratamiento de las materias primas como una señal alcista para un posterior rebote del mercado cripto. Sin embargo, la verdadera intriga reside en otros indicadores: la inflación, el posicionamiento en las bolsas y el comportamiento de los propios mineros. Mi análisis muestra que esta relación no es más que un sesgo cognitivo.
Correlación cercana a cero: qué dicen las cifras
En los últimos cinco años, la correlación matemática entre bitcoin y el petróleo ha sido de un ridículo 0,036. Recordemos que este coeficiente se mide de +1 (coincidencia total de trayectorias) a -1 (movimiento estrictamente opuesto). El nivel actual de 0,036 demuestra claramente la ausencia total de una relación estable entre los activos. Incluso al dividir detalladamente en diferentes fases del mercado —tranquila y de alta volatilidad— ambos indicadores se mantienen muy cercanos a cero. Esto significa que no existe una relación de inversión seria entre estas clases de activos bajo ninguna circunstancia.
¿Quién mueve realmente el bitcoin?
Dado que los grandes inversores y los mineros muestran una alta resistencia, la fuente de la presión actual debe buscarse en otro lugar. El principal catalizador es el mercado de derivados. El indicador de interés abierto en bitcoin ha aumentado de 21,83 mil millones de dólares a 23,45 mil millones de dólares desde el 11 de junio. Al mismo tiempo, la tasa de financiación (funding) ha cambiado drásticamente, pasando de una zona positiva a una negativa. Un funding negativo significa que los vendedores se ven obligados a pagar a los compradores por mantener sus posiciones. El aumento en el número de contratos abiertos junto con la caída de la tasa indica que los especuladores están abriendo activamente posiciones cortas, en lugar de apresurarse a comprar la caída actual.
Esto crea las condiciones ideales para un short squeeze. Cualquier impulso alcista fortuito obligará a los bajistas a cerrar sus posiciones presa del pánico, lo que provocará un crecimiento en avalancha de las cotizaciones. Sin embargo, es importante entender: este crecimiento será provocado exclusivamente por el cierre técnico de posiciones apalancadas, y no por factores de materias primas. El panorama general seguirá siendo negativo, por lo que el impulso será de corta duración.
Mi valoración experta: Mientras el petróleo cotiza en torno a los 79 dólares por barril, el bitcoin mantiene el nivel de 62.800 dólares, aproximadamente la mitad de su máximo histórico de octubre. Es evidente que el próximo gran impulso de precios para la criptomoneda vendrá dictado no por el costo del barril, sino por las decisiones de la Reserva Federal de EE. UU. y las condiciones del mercado de derivados. Los inversores deberían cambiar su enfoque de los gráficos de materias primas a los datos macroeconómicos y el comportamiento de los actores institucionales.