Granta rompe su asociación con un premio literario debido al escándalo de la IA: crisis de confianza en el sector cultural
La revista literaria británica Granta ha decidido dejar de publicar los relatos de los ganadores del premio Commonwealth Short Story Prize. El motivo ha sido una sonada polémica sobre el posible uso de inteligencia artificial generativa en uno de los textos del concurso. Este suceso plantea una importante cuestión sobre los límites de la creatividad y la autenticidad en la era de la IA.
En un comunicado oficial, Granta subrayó que ya no participará en «asociaciones editoriales externas» en las que la revista carezca de control editorial. El detonante fue la selección de los ganadores regionales del premio de 2026. Las sospechas recayeron sobre uno o varios relatos que, según los expertos, podrían haber sido generados parcialmente por IA. Los autores negaron categóricamente estas acusaciones.
El epicentro del escándalo fue el relato The Serpent in the Grove de Jameer Nasir, ganador en la región del Caribe. Críticos y lectores señalaron en el texto rasgos característicos de la IA generativa: patrones repetitivos y construcciones lingüísticas específicas. En su defensa, Nasir afirmó que, debido a problemas de salud crónicos, dicta el texto en un teléfono inteligente Android y luego solo lo corrige mínimamente con el teclado.
La editora y filántropa Sigrid Rausing admitió que los jueces podrían haber premiado «un caso de plagio de IA», pero subrayó que esto sigue sin demostrarse. Por el contrario, el director ejecutivo de la Commonwealth Foundation, Razmi Farook, declaró que todos los autores de la lista corta confirmaron personalmente la ausencia de contenido generado por IA y que, tras consultas adicionales, la fundación reconoció que tenían razón.
No obstante, Granta decidió mantener en su sitio web los relatos de la lista corta «por interés público». Las condiciones económicas del premio siguen siendo las mismas: el ganador general recibe 5.000 libras esterlinas y los ganadores regionales, 2.500 libras cada uno. Según Sigrid Rausing Trust, entre 2014 y 2016 la fundación destinó 30.000 libras a este premio.
Este incidente es solo la punta del iceberg. En mayo, los organizadores de los premios Óscar ya prohibieron el uso de actores y guiones generados por IA. La industria cultural está entrando claramente en una fase de regulación estricta, y los círculos literarios no serán una excepción.
Opinión del experto: Este caso es un claro síntoma de una crisis sistémica de confianza en las industrias creativas. La capacidad de la IA para imitar la escritura humana pone en tela de juicio la esencia misma de la autoría. Por ahora, los premios y las editoriales se ven obligados a confiar en la palabra de los participantes, pero en el futuro se necesitarán herramientas de verificación más fiables, desde marcas de agua digitales hasta el registro del proceso creativo en blockchain. El mercado ya exige transparencia, y quienes no se adapten corren el riesgo de perder su reputación.