El exdirector del BIS cambia su discurso: las stablecoins pueden coexistir con el dinero fiduciario, pero bajo condiciones estrictas.

El mercado de las stablecoins continúa ejerciendo presión sobre las instituciones financieras tradicionales, e incluso los críticos más acérrimos de las monedas digitales privadas están comenzando a suavizar su postura. En el reciente Point Zero Forum en Zúrich, el ex director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), Agustín Carstens, hizo una declaración que difiere radicalmente de sus puntos de vista anteriores.
Carstens afirmó directamente que los reguladores deberían "crear las condiciones para que el dinero fiduciario y las stablecoins puedan coexistir". Reconoció que las "monedas estables" pueden estimular la innovación financiera, aumentar la inclusión financiera y reducir los costos de transacción. Sin embargo, según sus palabras, la condición clave para dicha coexistencia es una coordinación internacional efectiva de los reguladores, la cual, según señaló, aún está significativamente rezagada respecto al ritmo de desarrollo del mercado.
Esta declaración resulta especialmente notable en comparación con la retórica pasada de Carstens. Como jefe del BIS, advirtió constantemente sobre los riesgos de las stablecoins. Ya en 2022, señaló que los emisores tienen incentivos para invertir las reservas en activos riesgosos, poniendo en duda la fiabilidad de dichas monedas. Y en junio de 2025, afirmó que las stablecoins no superan tres pruebas clave del dinero: unidad, elasticidad y protección contra actividades ilegales.
Es importante entender el contexto: Carstens ya no dirige el BIS ni habla en nombre de la organización. Su nueva postura es más un reconocimiento de la inevitabilidad de la integración de las stablecoins en el sistema financiero global que un apoyo incondicional. El propio BIS mantiene un enfoque mucho más estricto. En su Informe Económico Anual de 2026, la organización volvió a subrayar que las stablecoins no cumplen con las propiedades básicas del dinero de confianza y crean riesgos para la estabilidad financiera, la financiación bancaria y la soberanía monetaria. El BIS aboga por la tokenización exclusivamente dentro del sistema bancario regulado, basándose en el dinero de los bancos centrales.
El cambio en la retórica de Carstens coincidió con la formalización de marcos regulatorios para las stablecoins en Estados Unidos (Ley GENIUS) y la Unión Europea (MiCA). Sin embargo, como acertadamente señaló el exjefe del BIS, las normas nacionales no son suficientes para el uso transfronterizo. Sin una coordinación internacional unificada, las stablecoins corren el riesgo de seguir siendo un instrumento para la especulación local, en lugar de un medio de pago global.
Opinión de experto: El mercado de las stablecoins ya es demasiado grande para ignorarlo. La capitalización del sector se acerca al billón de dólares, e incluso instituciones tan conservadoras como el BIS se ven obligadas a adaptarse. Sin embargo, reconocer la posibilidad de coexistencia no es una capitulación. Es una señal para los emisores: prepárense para reglas de juego estrictas y unificadas, de lo contrario, simplemente serán expulsados del ámbito legal. La batalla por la fórmula del "dólar digital" apenas comienza.