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23.06.2026
13:35

El exdirector del BIS suaviza su retórica: las stablecoins y el dinero fiduciario pueden coexistir bajo reglas comunes

stablecoin

El ex director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), Agustín Carstens, hizo una declaración inesperada en el foro Point Zero Forum en Zúrich, que marca un notable alejamiento de su anterior línea dura. Carstens, considerado durante mucho tiempo uno de los críticos más implacables de las monedas digitales privadas, ahora admite que las stablecoins no solo pueden existir, sino también ser beneficiosas.

«Deberíamos intentar crear las condiciones en las que podamos convivir con el dinero fiduciario y las stablecoins», subrayó. Según él, las stablecoins pueden estimular la innovación financiera, aumentar la inclusión y reducir los costos de transacción. Sin embargo, la condición clave para esta coexistencia es la coordinación internacional de los reguladores, que, según su evaluación, aún está muy por detrás de las necesidades del mercado.

Es importante señalar que esta declaración es diametralmente opuesta a su posición anterior. Ya en enero de 2022, Carstens advirtió que las stablecoins no podían considerarse dinero confiable debido a los incentivos de sus emisores para invertir las reservas en activos de riesgo. Y en junio de 2025, afirmó que estos activos no superan tres pruebas clave del dinero: unidad, elasticidad y protección contra actividades ilícitas. La retórica actual es ciertamente más suave, pero no implica una aprobación total. Carstens ya no dirige el BIS, y sus palabras son una opinión personal, no la posición de la organización.

El BIS mantiene un rumbo estricto

El propio BIS continúa adoptando un enfoque más conservador. En el capítulo del Informe Económico Anual 2026 publicado el 23 de junio, la organización reiteró que las stablecoins, aunque muestran algunas ventajas de la tokenización, no cumplen con las propiedades básicas del dinero de confianza. Además, crean riesgos para la estabilidad financiera, la financiación bancaria y la soberanía monetaria. El BIS apoya la tokenización, pero exclusivamente dentro del sistema bancario regulado, basándose en dinero de bancos centrales, intermediarios regulados y marcos legales claros. Las stablecoins se consideran activos privados cuya fiabilidad depende de las reservas y las reglas del emisor.

El cambio en la retórica de Carstens se produce en medio de la configuración de marcos regulatorios para las stablecoins en EE. UU. (GENIUS Act) y la UE (MiCA). Sin embargo, como señaló acertadamente el exjefe del BIS, para el uso transfronterizo de estos activos, las reglas nacionales no son suficientes: se necesita una coordinación global entre jurisdicciones.

En medio de estos acontecimientos, recuerdo que el cofundador de Tether, Reeve Collins, predijo anteriormente que dentro de cinco años todas las monedas podrían representarse como stablecoins. Los analistas de Jefferies, por su parte, advierten sobre una salida de depósitos de los bancos tradicionales, pronosticando un crecimiento de la capitalización del sector de stablecoins hasta 1,15 billones de dólares en los próximos cinco años.

Mi análisis: Las palabras de Carstens no son tanto un cambio en sus puntos de vista como un reconocimiento de lo inevitable. Los reguladores ya no pueden ignorar el mercado de stablecoins, valorado en cientos de miles de millones de dólares. Sin embargo, su mensaje clave sobre la necesidad de coordinación internacional sigue siendo críticamente importante. Sin estándares globales unificados, corremos el riesgo de tener un sistema fragmentado donde las stablecoins prosperen en algunas jurisdicciones y sean suprimidas en otras, lo que anularía sus posibles beneficios.