El exdirector del BIS cambia su discurso: las stablecoins y el dinero fiduciario pueden coexistir, pero con condiciones

Agustín Carstens, quien anteriormente dirigió el Banco de Pagos Internacionales (BIS), hizo una declaración inesperada en el foro Point Zero Forum en Zúrich. Admitió que las stablecoins no solo pueden coexistir con el dinero fiduciario, sino también aportar beneficios reales: estimular la innovación financiera, ampliar el acceso a los servicios y reducir los costos de transacción. Sin embargo, la condición clave, según sus palabras, es la creación de un marco de coordinación global para los reguladores, que hoy en día, como reconoció, está seriamente rezagado respecto al desarrollo del mercado.
«Deberíamos intentar crear las condiciones en las que podamos vivir con dinero fiduciario y stablecoins», subrayó Carstens.
Esta posición difiere radicalmente de la que mantuvo cuando era jefe del BIS. Anteriormente, Carstens fue uno de los críticos más feroces de las monedas digitales privadas. En 2022 advirtió que los emisores de stablecoins tienen incentivos para invertir las reservas en activos riesgosos, lo que socava la confianza en ellas. Y en 2025 afirmó que dichos activos no superan tres pruebas fundamentales del dinero: unidad, elasticidad y protección contra actividades ilegales.
Es importante entender que la nueva retórica no significa una capitulación total. Carstens ya no es un representante oficial del BIS, y su opinión es la de un experto, no la política de la organización. Dejó claro que la coexistencia solo es posible si existen reglas acordadas, no en condiciones de mercado salvaje.
El propio BIS mantiene una línea mucho más estricta. En la reciente edición del Annual Economic Report 2026, la organización señaló que las stablecoins muestran solo una parte de los beneficios de la tokenización, pero no cumplen con las propiedades básicas del dinero de confianza. El BIS ve en ellas riesgos para la estabilidad financiera, la financiación bancaria e incluso la soberanía monetaria.
En este contexto, es notable que la regulación de las stablecoins ya se está formalizando en EE. UU. (GENIUS Act) y Europa (MiCA). Sin embargo, como acertadamente señaló Carstens, las leyes nacionales no resuelven el problema del uso transfronterizo. Sin coordinación internacional, corremos el riesgo de tener un ecosistema fragmentado, donde las stablecoins solo serán efectivas dentro de jurisdicciones individuales.
Mi análisis: El cambio de retórica de Carstens no es una señal de debilidad, sino una señal pragmática para el mercado. Los reguladores comienzan a entender que prohibir las stablecoins es imposible, pero dejarlas sin control es peligroso. En los próximos 2-3 años, probablemente veremos intentos de crear modelos híbridos, donde las stablecoins funcionen en paralelo con las CBDC, pero bajo una supervisión estricta. Esto no es el fin del dinero fiduciario, sino su evolución.