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24.06.2026
08:59

Corea del Sur al borde del colapso fiscal: el impuesto a las ganancias "de papel" derrumba el KOSPI

El martes 23 de junio de 2026 pasará a la historia del mercado bursátil surcoreano como el «Martes Negro». Ese día, una poderosa coalición de legisladores y organizaciones civiles propuso gravar las ganancias no realizadas (en papel) de acciones y bienes raíces. Los mercados reaccionaron con un desplome inmediato y profundo.

La esencia de la iniciativa, presentada en un foro de la Asamblea Nacional, es radical: el Estado pretende cobrar impuestos sobre el aumento del valor de los activos, incluso si el inversor aún no los ha vendido ni ha recibido dinero real. En la práctica, los autores del proyecto de ley proponen reconocer el crecimiento nominal del patrimonio como ingreso oficial, sin esperar a que la ganancia se materialice mediante una transacción.

La coalición que impulsa este proyecto es impresionante: incluye a representantes de los partidos Demócrata, Progresista y Socialdemócrata, así como a la agrupación «Reconstruyendo Corea». La Federación de Sindicatos de Corea, una de las mayores fuerzas sociales del país, se sumó rápidamente al debate. Su principal argumento es la necesidad de «restablecer el impuesto sobre los ingresos de inversiones financieras, reducir los beneficios para los superricos e introducir categorías adicionales para los ingresos extraordinarios», según declaró el director de la Federación, Park Ki-san.

Precedentes y reacción del mercado

El sector financiero reaccionó con dolor. Las cotizaciones de las principales empresas en el KOSPI se desplomaron en cuestión de horas. El pánico se apoderó de los inversores minoristas, que temen con razón tener que vender forzosamente sus carteras para conseguir efectivo y pagar impuestos sobre ingresos inexistentes. Esto supone un golpe directo a las inversiones a largo plazo y a los ahorros para la jubilación, que inevitablemente provocará una fuga masiva de capitales hacia otras jurisdicciones asiáticas.

Es importante señalar que no es el primer intento. Ya en el otoño de 2025, el presidente Lee Jae-myung intentó reducir el umbral del impuesto a las ganancias de capital, pero las airadas protestas de los operadores minoristas borraron miles de millones de dólares del mercado en una semana, y la reforma fue retirada. La iniciativa actual va aún más lejos, socavando los propios cimientos del sistema financiero.

Ya existe un precedente alarmante en el mundo: en febrero de 2026, los Países Bajos aprobaron una ley similar, estableciendo un impuesto fijo del 36% sobre las ganancias no realizadas de acciones, bonos y criptoactivos. El resultado fue un debilitamiento inmediato de los mercados y las startups locales. Los escépticos ya citan esta experiencia, augurando para Corea del Sur un estrangulamiento de la innovación y una fuga de talentos.

Los partidarios de la nueva medida insisten en su justicia: los propietarios de grandes activos pueden permitirse pagar impuestos por adelantado, mientras que los trabajadores comunes pagan con cada salario. Sin embargo, en mi opinión, esta lógica ignora el principio fundamental de liquidez. El impuesto sobre las ganancias no realizadas es un instrumento fiscal que, en condiciones de volatilidad, puede destruir no solo a los especuladores, sino también a los inversores conservadores, creando un riesgo de ventas en cascada. La oposición en el parlamento ya ha prometido endurecer la resistencia en las próximas semanas, y el resultado de esta batalla determinará no solo el futuro del mercado coreano, sino que también marcará una peligrosa tendencia para toda Asia.